Posted by: bishopgonzalez | March 12, 2014

Luchar, implica una resistencia

Luchar, implica una resistencia
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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

• Gen 12,1-4a

• Sal 32

• 2 Tim 1,8-10

• Mt 17,1-9

Segundo domingo de Cuaresma. Comenzamos la Liturgia de la Palabra con el llamado que Dios hace a Abrahán. Más que un simple llamado es un mandato, una exigencia: “Deja”. ¿Qué le pide que deje? Nada más y nada menos que el “país, a los de su raza y a la familia de su padre”.

Yavé exige a Abrahán que abandone la seguridad de su entorno; la seguridad de su cultura, de sus valores y la seguridad de su familia y clan. Si le obedece recibirá bendiciones: una tierra prometida, una descendencia numerosísima, protección en contra de sus enemigos, buen nombre, hasta convertirse a sí mismo en bendición para otros.

Abrahán creyó… Abrahán obedeció: ¿Cómo está mi fe en Dios y mi obediencia a sus planes?

En la segunda lectura nos encontramos a Pablo, prisionero por la fe que predica y práctica, pidiendo a Timoteo que se una a él en la, no simple y sí difícil tarea, de predicar el Evangelio. Luchar, implica que hay una resistencia. El Apóstol, al exhortar a su discípulo a evangelizar, lo hace aludiendo al hecho de que Dios quiere la salvación de todos y que dicha salvación es gratuita. Una segunda razón por la que le pide que se le una en la predicación del Evangelio, es simplemente, porque todo ello corresponde al plan de Dios, plan de Dios “que se llevó a efecto con la venida de Cristo nuestro Salvador, que destruyó la muerte e hizo resplandecer la vida y la inmortalidad”.

¿Dónde buscas tú la vida? ¿Cómo responderemos a la exigencia bautismal de evangelizar? Pablo pide ayuda para continuar evangelizando, y lo hace desde su prisión. Hay quienes se dedican al evangelio sólo cuando no hay peligro de rechazo, burla o violencia. A veces nos olvidamos que, alguien muy bien ha dicho, los defensores más creíbles de la fe han sido y serán siempre los mártires.

En el evangelio de hoy encontramos el relato de la Transfiguración del Señor. Este relato tiene todos los ingredientes de las famosas teofanías (manifestaciones de Dios) del Antiguo Testamento: la montaña (cerro alto en este caso), con fenómenos extraordinarios y reacciones de miedo o temor por parte del vidente.

Jesús se manifiesta en su gloria. Lo hace en un momento muy importante en su catequesis: ha anunciado la pasión; están subiendo a Jerusalén y puede haber desánimo entre los seguidores. Esta manifestación de Jesús, acompañada de Moisés y Elías, dos personajes asociados en el Pueblo Judío con el Mesías y la declaración del Padre sobre la filiación de Jesús, sirve para animar a los apóstoles, que por boca de Pedro, quieren quedarse donde están.

Es cuestión de espera, parece que les dice Jesús. Las ropas blancas y la prohibición de mencionar lo que han visto “hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado” todo parece conectado con la Resurrección, con la victoria final.

Este evangelio nos puede servir mucho a aquellos de nosotros que a veces sentimos miedo en nuestro seguimiento de Jesús. Es bueno recordar lo que Pedro llegó a experimentar al ver a Jesús en su gloria. Fue algo tan extraordinario, que ya no necesitaba nada más. Es verdad que habrá dificultades, incertidumbre, penas, pero si perseveramos veremos la gloria de Dios, y entonces podremos decir como Pedro: “Señor, ¡qué bien estamos aquí!

Posted by: bishopgonzalez | March 8, 2014

Echar una mirada a nuestra vida…

Echar una mirada a nuestra vida…

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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

» Gen 2,7-9.3,1-7

» Sal 50

» Rom 5,12-19

» Mt 4, 1-11

Acabamos de comenzar la Cuaresma y hemos visto muchas formas de hacerlo, desde carnavales hasta individuos y/o grupos que le han dado un carácter profundamente religioso. Ellos y ellas han mirado hacia arriba y también horizontalmente hacia sus hermanos y hermanas, con el firme propósito de profundizar sus relaciones con el Señor y con los hermanos.
Al llegar a la iglesia este domingo nos habremos dado cuenta de ciertos cambios tanto en la celebración litúrgica como en el ambiente. Se nota una cierta sobriedad, no como señal de tristeza, algo que hay bastantes que la asocian con la Cuaresma, sino para recordar esos cuarenta días de Jesús en el desierto que prescindiendo de todo lo humano, intensifica su diálogo con el Padre.
La santa Cuaresma la asociamos, en muchos casos, con privarnos de la cantidad de comida o clase de la misma, con abandonar ciertos entretenimientos y diversiones, con llevar una vida de aburrimiento como si eso fuera una virtud. La Cuaresma vista de esta forma es aburrida, y la verdad es que me cae mal, de hecho no me gusta nada.
La Cuaresma es, se podría decir, un tiempo de gran oportunidad. Oportunidad para expresar nuestros mejores sentimientos y deseos, como sería intensificar nuestra oración y entablar o recuperar nuestro diálogo con Dios; la oportunidad para quitarnos esa mochila llena de egoísmo que llevamos en nuestros hombros; la oportunidad de dejar que Dios use su misericordia con nosotros; la oportunidad de acelerar un tanto nuestra conversión; la oportunidad de manifestar con nuestra vida el amor de Dios; la oportunidad de insertarnos en la comunidad que sufre para hacer más llevadero el sufrimiento de nuestros hermanos; la oportunidad de proclamar nuestra alegría por ser hijos de Dios; la oportunidad para retarnos a nosotros y a nuestra Iglesia para que sea verdadero evangelio, buena noticia, para el mundo en que vivimos; para que como Cristo se adentró en el desierto sólo con lo puesto, también nosotros y nuestra Iglesia nos vayamos desprendiendo de lo que no es testimonio de la presencia de Jesús en nuestra vida.
Jesús que ha estado en el desierto cuarenta días, nos dice el evangelio que sintió hambre. El diablo usa ese momento para tentarle. Le invita a dejar de ser pobre, le invita a ser famoso, y por último a ser poderoso. Veinte siglos después seguimos soñando y deseando completa solución a nuestras necesidades. Nos encantan la fama y el poder, este último que usamos no para el beneficio de nuestros hermanos, sino para conseguir nuestra propia fama, para que nuestra foto salga en primera plana, para que se nos dediquen edificios y monumentos, para que se anuncie nuestra presencia con bombos y platillos. Posiblemente algunos habremos soñado con ser coronados con ricas coronas, olvidándonos que la corona del Rey del Universo fue de espinas.
Hemos empezado la Cuaresma tiempo oportuno para echar una mirada a nuestra vida para darle sentido a la misma, para que vayamos quitando de la misma todo aquello que no venga de Dios así resplandezca la figura del mismo Señor en cuya imagen fuimos creados. Este es un tiempo propicio para un examen de nuestra misión, de la misión a la que hemos sido llamados. Este es el tiempo para invitar a los que nos rodean a tener una vivencia de la grandeza del Dios en quien creemos. Este es el tiempo de unir nuestras fuerzas para humanizar a nuestra sociedad, para que juntos abramos la mente y el corazón de todos, especialmente de los poderosos para que como el Dios creador podamos decir al contemplar nuestro trabajo, esto es bueno.
¡Feliz y próspera Cuaresma!

Posted by: bishopgonzalez | February 20, 2014

¿Quién es mi prójimo?

¿Quién es mi prójimo?
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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington
• Lev 19, 1-2.17-18
• Sal 102
• 1Cor 3, 16-23
• Mt 5,38-48

Cuando alguien va de compras trata de adquirir lo mejor, aunque en ocasiones, eso mejor, lo pone a uno en deuda por mucho tiempo. Es verdad que hay quienes gastan todo lo que tienen y más, porque quieren impresionar las amistades, pero también es verdad que los hay que se sacrifican y compran lo mejor que pueden porque lo bueno dura más, está mejor construido y no es un despilfarro, sino más bien una inversión para facilitar nuestro futuro.

Estos domingos estamos leyendo el evangelio de San Mateo, algo que continuaremos haciendo la mayor parte de este año. Para estas semanas son pasajes de lo que los expertos han catalogado como el primer discurso, de los cinco en que han decidido el santo evangelio. Aquí Jesús nos dice que no ha venido a abrogar la ley sino a perfeccionarla. Dios no promulgó la Ley para quitar libertad a los seres humanos, sino para que pudieran vivir en paz y armonía. Jesús lleva un paso más adelante esa ley y por eso la frase: “Antes se os dijo, yo ahora…” y con ese “ahora” va añadiendo lo que, costándonos un poco más en nuestro comportamiento, nos va a traer una vida mucho mejor, o sea que siguiendo lo que Cristo nos enseña de palabra y obra, estamos haciendo una inversión para un mejor futuro.

Imaginemos por un momento si siguiéramos el mandato con el que comienza el pasaje evangélico de este domingo: “Ojo por ojo, diente por diente”. No deberíamos extrañarnos de vivir en una sociedad de ciegos, ni tendríamos que esperar a la madurez o vejez para ponernos una dentadura.

¿Quién es mi prójimo? Por lo pronto todos esos indocumentados no son de los míos; todos esos que se reúnen en esos lugares conocidos como sagrados y que no rezan como yo, no son de los míos; todos esos cuya piel es de diferente color de la mía, no son de los míos; esos que hablan en un idioma que yo no entiendo no son de los míos; esos que cantan, bailan y visten de una forma distinta que yo, no son de los míos. Todos esos y otros que no son de los míos, son mis enemigos y como a tales: “Ojo por ojo y diente por diente”. Si Dios actuara de la misma forma que nosotros, sería muy interesante caminar por la calle y ver personas a las que les daba sol o lluvia, según su necesidad, pues son los amigos de Dios, y al revés a los enemigos.

Ama a tu enemigo, perdona al que te ofende, da al que te roba, sana al que te hiere, saluda al que te rechaza, comparte con el que te estafa, reza con el que te maldice, ábrele tu puerta al que te rompió la ventana para entrar, sonríe al que te maldice y bendice (bene dicere) al que te insulta.

Parece ser que en lo referente a las relaciones humanas esperamos siempre a las rebajas, a lo que cuesta menos, y claro está a lo que se rompe antes, a lo que no nos sirve, a lo que nadie quiere, a lo que nadie vende ni nadie compra, a las baratijas, y claro está vivimos en una sociedad donde enfatizamos lo que nos separa, lo que nos aparta unos de otros, el individualismo, el egocentrismo, yo… yo… yo…

Hay terrorismo, hay crimen, hay rechazo, hay venganza, hay violencia, hay todas esas cosas que no son buenas. Cabe preguntarnos: ¿hemos o estamos contribuyendo a su desarrollo? ¿Hay algo que yo hago o pudiera hacer para erradicar todo ese pecado?

Este fin de semana se acaban los juegos olímpicos de invierno donde se premian a los mejores, y dentro de poco tendrá lugar los “Oscar” donde se premia lo mejor del cine. Ojalá busquemos y contribuyamos a manifestar lo mejor del ser humano, el amor, incluso al enemigo, como Jesús hace y manda.

Posted by: bishopgonzalez | February 14, 2014

Uno vive o malvive, según nuestras decisiones

Uno vive o malvive, según nuestras decisiones
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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

• Eclo 15,15-20
• Sal 118
• 1 Cor 2,6-10
• Mt 5,17-37

Estamos en el sexto domingo del Tiempo Ordinario y continuamos leyendo del evangelio de San Mateo el “Sermón o Discurso del Monte”. Tal vez podamos encontrar la llave para abrir el mensaje de Cristo, en las palabras con que comienza la primera lectura: si quieres…

Jesús no impone, simplemente invita, al mismo tiempo que nos recuerda que hay que hacer una decisión y que de acuerdo con la decisión uno vive o malvive.

Las opciones son claras: “agua o fuego”, “vida o muerte”. Algunos decidimos salirnos por la tangente y optamos por la tibieza o la simple sobrevivencia, nos quedamos en el medio para poder así darnos la vuelta según vayan los vientos, según exija la moda. Evitamos los extremos, decimos, porque somos gente prudente: ni todo a Dios, ni todo al diablo; ni bien vivos, ni bien muertos, así un poquito de cada cosa, en otras palabras, nos vamos resbalando por la vida, sin nunca asentarnos profundamente en nada.

Muy lejos de esa clase de vida o comportamiento está el deseo del salmista (Sal 118): “Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón”.

Y hablando de la Ley de Dios, tan querida por el salmista, entramos en el evangelio de hoy. Jesús no puede ser más claro acerca de la misma: “No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Esta plenitud no se refiere que va a añadir unos cuantos mandamientos más a la lista de los ya dados en el monte del Sinaí, sino que se refiere a la calidad, diría yo, a un profundizamiento en los ya dados. Claro que la nueva exigencia es tan radical que casi podríamos decir que son nuevos mandamientos, dados por un nuevo legislador, desde un nuevo monte.

Estamos ante seis antítesis, así presenta Jesús el cambio radical del antes y del ahora, antes se os dijo… yo ahora os digo. En la Liturgia de la Palabra para hoy, tenemos cuatro de esas leyes o temas: homicidio, adulterio, divorcio y perjurio.

Antes se os dijo: “no cometerás adulterio”, “no matarás”, “el que se divorcie de su mujer, que le den acta de repudio”, y por último, “no jurarás en falso”. Ahora, Jesús, el nuevo Moisés, desde el nuevo Sinaí, dá la nueva ley, que es la antigua pero llevada a la plenitud.

En el ahora de Jesús, él va a la raíz, al interior de la persona, no es el formalismo lo que busca, sino la interioridad, el corazón y por eso a la prohibición del homicidio, se le añade la prohibición de la cólera, del odio, etc. A la prohibición del adulterio, se le añade el no rotundo a los deseos del mismo, a la concupiscencia. Como escribe un autor moderno: “también los deseos ensucian”. El divorcio se permitía al marido, ahora se exige completa fidelidad. La ley antigua era dura y prohibía a rajatablas el juramento en falso. Jesús pide ahora que no se haga juramento alguno, pues la plenitud, la perfección de la ley exige que se diga siempre la verdad.

No podemos contentarnos con el mero formalismo. Jesús les advirtió: “Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos”.

Algo para pensar: “Ni ojo vió, ni oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman”. (2º lectura).

Posted by: bishopgonzalez | February 6, 2014

Palabras que hacen mella

Palabras que hacen mella
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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

»Is 58, 7-10
»Sal 111
»1Cor 2, 1-5
»Mt 5, 13-16

Quiero añadir mis palabras de admiración y agradecimiento a las de miles, millones de personas, que ya han pronunciado al referirse al papa Francisco. Me encanta su sencillez, su humildad, su sonrisa, su espontaneidad y sin olvidar su astucia. Cuando lo veo, y sobre todo cuando habla, me recuerda aquel predicador itinerante que iba casi siempre por la periferia, dando buenas noticias a todos los que le escuchaban. Una de las cosas que me impresiona de ambos es el lenguaje. Uno hablaba y otro habla hoy de una forma que todos pueden entender, pues sus ejemplos están sacados de la vida ordinaria.

Francisco nos habla de “oler a oveja”, de que la Iglesia es como un “hospital de campaña y que el primer objetivo es sanar la herida”, “Dios no se cansa de perdonar”, y otras muchas. No hace falta haber obtenido un grado teológico para entender lo que el Santo Padre nos quiere recordar con sus frases que hacen mella.

Estoy seguro que esa forma de hablar la ha aprendido de su cercanía al Señor, de su constante relación con Él.

Tanto en la primera lectura como en la segunda, la sencillez del mensaje es extraordinaria, la práctica del mismo parece ser que se nos escapa muchas veces. En una se nos pide que pasemos ya de las prácticas religiosas al servicio del pobre. En la segunda Pablo nos invita a confiar más en el poder de Dios, que en la sabiduría humana, y Jesús, en su lenguaje sencillo, pero que nos insta a ir siempre más allá nos habla a los bautizados a ser “sal de la tierra y luz del mundo”.

Es posible que algunos miren a la sal como algo peligroso para la salud. Tal vez no han vivido aquellos tiempos en que la sal se usaba en todas o casi todas las comidas, especialmente en ciertas áreas de nuestro mundo. La falta de la misma o la excesiva cantidad podía destrozar el sabor de una comida. Comer sin sal era resignarse a una comida sosa, sin gusto, sin sabor, algo que teníamos que aceptar y que debido a una enfermedad se toleraba.

La sal de la que nos habla el evangelio, tiene un sentido muy parecido a lo que se refiere a la vida: darle sentido, hacer que esa vida valga la pena vivirse, capacidad para disfrutarla, de saborearla. El cristiano se convierte en sal verdadera cuando hace posible o ayuda a que la vida de la comunidad disfrute de la experiencia de la justicia, decorada con el entendimiento comunitario, regada con la reconciliación y el bienestar del perdón, vivido todo, claro está, dentro del amor fraterno.

Hoy al hablar tanto de la nueva evangelización, debemos traer a la mente, que estamos llamados a hacer realidad esa “Buena Nueva” que Cristo trajo y era al mismo tiempo. Ser la sal de la tierra, es tener a Cristo en el centro de nuestras vidas y lo vamos poniendo en todo lugar y en todo corazón. No es cuestión de palabras y doctrinas, sino principalmente de vivencias y testimonio, pues en eso está el cumplimiento del mandato que nos dejó el Maestro: “Seréis mis testigos en Jerusalén… hasta los confines de la tierra”, ahí también encontramos el significado de ser “luz del mundo”.

No hay mejor lección que la impartida por el testimonio, pues las palabras, aunque importantes, no tienen el potencial, el efecto de la acción hecha por amor, con amor y en amor, pues como dice la sabiduría popular: “Las palabras convencen, pero los ejemplos arrastran”.

Jesús se ha declarado ser la luz, una luz que brilla, una luz que nos guía, una luz que nos ilumina en nuestro camino. Como él también nosotros podemos iluminar para desplazar de la vida las tinieblas que a veces nos cubren. Pablo llega a Corinto llevando a la gente la luz, la luz verdadera, pero no una luz como algunos hubieran querido y esperado, sino una luz que ilumina desde lo alto de la cruz, la luz de Jesús crucificado. Esa luz es la que da vida pues, en las palabras del Papa, es Jesús quien vence el odio, la envidia, y la soberbia… esas son las que ensucian nuestra vida.

Posted by: bishopgonzalez | February 2, 2014

‘El gozo de creer en Jesús’

‘El gozo de creer en Jesús’
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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

•Mal 3,1-14
•Sal 23
•Heb 2,14-18
•Lc 2,22-40

Hoy nos encontramos con una cierta abundancia de motivos para la reflexión. Cronológicamente en el calendario de la Iglesia este es el cuarto domingo del Tiempo Ordinario, pero este año cae en el 2 de febrero, la fiesta de la Presentación del Señor. En esta fiesta, tradicionalmente se bendicen las velas, también llamadas “candelas, por lo que por mucho tiempo esta fiesta era conocida como la “candelaria”, recordando la “Purificación de Nuestra Señora”. Desde el Concilio Vaticano II vemos esta celebración como una fiesta del Señor, aunque indudablemente con un recuerdo de la Virgen, ya que no podemos, ni debemos separar la madre del Hijo.

En algunos lugares, especialmente en pueblos pequeños había la costumbre que en este día las madres que habían dado a luz durante el último año asistían a la santa misa, se les daba una candela y con una oración ofrecían sus bebés a Dios. Hoy en día, y no siempre, al final del bautismo el sacerdote toma el niño/a y va con él al altar y de forma visible ofrece al niño a Dios, aunque también otros tienen la costumbre de que sean los padres quienes hacen esa ofrenda tan significativa y sagrada.

También hoy hay otra celebración que instituyó a finales del siglo pasado el beato Juan Pablo II, que pronto será proclamado santo, conocida como la “Jornada de la Vida Consagrada”. Creo que con dicha decisión quiso expresar su agradecimiento y admiración, no solamente de él sino de toda la Iglesia por la Vida Consagrada. En el documento de proclamación presenta unas razones para explicar la importancia y su decisión, basándose de una forma particular en Santa Teresa y por eso habla de alabanza y acción de gracias por semejante don dentro de la Iglesia; también promover el conocimiento de la misma, algo por lo que todos debemos trabajar, rogando a Dios por las vocaciones a la vida consagrada. En este nuestro país nos falta todavía estar verdaderamente agradecidos a toda esa labor que sobre todo las religiosas han estado haciendo tanto en la educación como en la sanidad, además del ejemplo de vida que nos han ido dando, de verdadera consagración a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia. Finalmente, el Santo Padre quería animar a todas esas personas que habiendo oído el llamado del Señor han decidido seguirlo viviendo esos consejos evangélicos.

Si tuvieran que enfatizar algo en particular de estos tres aspectos de este 2 de febrero, me quedaría y me quedo con la Presentación del Señor, pues me habla de algo que es tan importante, “su manifestación”. En Navidad se muestra a unos pobres pastores, a quienes llena de felicidad. En la fiesta de la Epifanía sigue manifestándose, y en este caso a unos extranjeros de tierras lejanas que siguiendo sus investigaciones y principalmente los impulsos del corazón fueron en busca de ese rey que ellos soñaban y no pararon hasta encontrarlo. Y hoy vemos que José y María llevan al niño Jesús al Templo donde dos personajes fuera de serie: Simeón y la profetisa Ana aceptan al bebé y proclaman haber visto al Salvador, al liberador de Israel.

Jesús es la clave, es la solución, es la esperanza, es la vida que quiere la vivamos a plenitud. Recientemente he recibido un libro escrito por un sacerdote, teólogo y gran experto en espiritualidad, espiritualidad que él mismo vive y que comparte con otros en sus escritos, y como decía en su vida. Él se llama Raúl Romero y este último de sus libros: “El gozo de creer en Jesús”. En la contraportada hay una frase que me hace pensar y que doy gracias a Dios por haberla encontrado. Dice así: “Los cristianos del siglo XXI estamos acostumbrados a estudiar a Jesús, trabajar por Jesús, sufrir por Jesús… Pero no estamos acostumbrados a disfrutar con Jesús, y esto a pesar de que los evangelios nos invitan constantemente a la alegría, al gozo, a la fiesta”.

El Santo Padre Francisco nos lo recuerda constantemente, y creo que no puede haber duda alguna, el día que aceptemos al Cristo “entero” nuestras vidas habrán cambiado radicalmente, y lo mismo sucederá a la Iglesia y sociedad.

Ya que Cristo se manifestó repetidamente y sigue haciéndolo, nosotros también debemos seguir buscándolo en todo tiempo y lugar, y en cada persona, especialmente en nuestros hermanos y hermanas más necesitados.

Posted by: bishopgonzalez | January 23, 2014

El reto de la conversión

El reto de la conversión

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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

» Is 9,1-4

» Sal 88

» 1 Cor 1,10-13.17

» Mt 4,12-23

Celebramos hoy el tercer domingo del Tiempo Ordinario. Para mejor comprender la primera lectura de hoy (Is. 9, 1-4), conviene empezar con el capítulo 8, versículo 21-23: “Pero allí donde se encontraba la angustia, desaparecerá la noche. En el pasado casi aniquiló al país de Zabulón y al país de Neftalí, pero en el futuro se llenará de gloria la carretera del mar, más allá del Jordán, en la región de los paganos” (23). Estos pasajes nos presentan el contraste entre humillación y triunfo, tiniebla y luz. Zabulón y Neftalí han sido zarandeados, pero ahora, después de todos los sufrimientos, este pueblo ha visto “una luz intensa”, que les ha traído bendición y alegría. El profeta, en esta lectura, nos trae un mensaje de esperanza, que muy bien lo podemos aceptar en nuestra vida, donde hay y estamos sometidos a humillaciones, ataques, rechazos, reformas de inmigración aún no cumplidas, padres de familia que están sufriendo por haber sido separados de sus hijos, pero aún en esta situación desoladora, vendrá la luz.
Este anuncio del profeta, lo repite Jesús y lo vemos en el evangelio de hoy (Mt. 4,12-23). Juan el Bautista ha sido encarcelado, él había anunciado la llegada de quien era “la luz”, pero ahora, por su encarcelamiento ya no puede continuar su pregón, tal vez ya no es necesario, porque la “luz” ya llegó. Jesús, “luz del mundo”, que nos invita, pero con urgencia, a “cambiar vida y corazón porque está cerca el Reino de Dios”. Este cambio no es otra cosa que la conversión, uno de los temas más constantes y profundos de la Biblia.
El cambio que Jesús pide es radical y su seguimiento incondicional. Cuando nosotros emprendemos viaje, hacemos inventario de todo lo que vamos a llevarnos. Basta ir a los aeropuertos y vemos la infinidad de equipaje, ya pronto los carritos van a tener que ser motorizados. Cuando emprendemos viaje de seguimiento a Cristo, lo que Él nos pide, no es una lista de lo que debemos llevar con nosotros, sino más bien que dejemos todo, pues Él proveerá: dejaron las redes y al padre y lo siguieron.
Seguir el llamado del Señor es una invitación al constante renacer, a lo nuevo, al futuro. “Mucha gente, dice A. Pronzato, es vieja no por el pasado, sino por el futuro. Hay gente que tiene ante sí un futuro ya gastado, apagado, engañoso, marchito antes de florecer, consumado antes de ser vivido, sin novedad, muy previsible”.
El reto de la conversión, del cambio, de la renovación (hacer nuevo) es para espíritus fuertes y generosos. Nos da miedo el poder perder el control y por eso hay gente, organizaciones e instituciones amarradas a un pasado que ya pasó, a un presente de Nueva Era con música suave que nos adormece y que por lo tanto, no deja ver el futuro, lleno de esperanza, iluminado por “la luz”.
Hay quienes han plantado sus reales, su sistema, y no hay quien los saque de ahí. La llamada de Jesús: “Convertíos, el Reino de Dios está cerca” es una constante en nuestra vida de bautizados y que no podemos olvidar.
Pablo (2º lectura) ataca las actitudes de los Corintios. Ellos están divididos, cada uno va por la suya y eso no puede ser así. Pablo se declara seguidor de Cristo, único Salvador. Aquella gente necesita un cambio. “Les ruego, hermanos, en nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que se pongan todos de acuerdo y terminen con las divisiones, que encuentren un mismo modo de pensar y los mismos criterios. Personas de la casa de Cloe me han hablado de que hay rivalidades entre ustedes. ¿Quieren dividir a Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por ustedes? ¿O fueron bautizados en el nombre de Pablo?” 1 Cor 1,10-13.17.
Madián, mencionado en la primera lectura, es el territorio donde se refugió Moisés y del que no quería salir. Estaba bien donde estaba. Yahvé le llama y él prefiere seguir donde está. Finalmente acepta el llamado de Dios, vuelve a Egipto y el pueblo hebreo es liberado de la esclavitud. Una pregunta: ¿qué es lo que nos cuesta dejar para poder vivir una conversión radical a “la luz” del evangelio?

Posted by: bishopgonzalez | January 19, 2014

No contentarse con ser una copiadora espiritual

No contentarse con ser una copiadora espiritual

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MONS. FRANCISCO GONZáLEZ, SF Obispo Auxiliar de Washington

Is 49,3.5-6

Sal 39

1 Cor 1,1-3

Jn 1,29-34

Estamos hoy en el segundo domingo del Tiempo Ordinario. Además de la celebración del misterio Pascual y del Nacimiento de Jesús junto con la preparación a los mismos (Adviento y Cuaresma) tenemos un poco más de treinta domingos que conocemos por Tiempo Ordinario, en los que, como nos recuerda el gran liturgista Andrés Pardo, “no se celebra ningún misterio en particular, sino el conjunto de la Historia de la Salvación”.

Entre las fiestas de Navidad y el comienzo de la Cuaresma vamos a tener seis domingos del Tiempo Ordinario. Hoy tomamos la primera lectura del profeta Isaías (49, 3.5-6) que corresponde al segundo Canto del Siervo de Yavé. Toda profecía dice más de lo que se ve a primera vista, pues habla del futuro y cubre territorio desconocido, incluso para el mismo profeta, pues es Dios el que verdaderamente habla.

En la lectura de hoy dice al siervo que quiere que sea algo más que siervo, quiere que sea “luz de las naciones”. Tal vez este mismo deseo de Dios va dirigido a nosotros, que en muchas ocasiones respondemos al llamado de Dios en un grado mínimo, en vez de como recomienda San Ignacio de Loyola: “Con toda libertad y generosidad”. Nos parecemos un poco al Hijo Pródigo que se contenta con que le traten como  “siervo”, porque eso requiere menos esfuerzo que “ser y vivir como verdadero hijo”.

Pablo (2 lectura) escribe a la comunidad de Corinto y comienza proclamándose “apóstol de Jesucristo, por voluntad de Dios”. Algunos han cuestionado su autoridad y él quiere reafirmarla como es su derecho, porque la carta que sigue va a ser dura. Corinto es una gran metrópolis, es un maremágnum de ideas, comercio, gente, religiones. Es una ciudad donde abunda la dolce vita y todo eso está penetrando a la comunidad cristiana. A Pablo le han llegado malas noticias y escribe esta carta que como veremos en sucesivos domingos les llama la atención en lo que se refiere a su fe, su compromiso, su comportamiento. Para aquellos cristianos de Corinto, venidos del paganismo, no les era fácil cristianizar la cultura dominante de un entorno descrito como: “Gran ciudad entre las griegas, puerto comercial y cruce de corrientes culturales y religiosas, con fama de libertinaje en sus costumbres”.

Con el evangelio de hoy, que lo tomamos de San Juan (1, 29-34), nos encontramos con un reto extraordinario: ¿conocemos al Mesías? Juan nos presenta a Jesús como el Cordero de Dios, aunque dice que no lo conocía, pero que el que lo envió le había dado la señal: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo”.

Nosotros nos hemos declarado seguidores de ese Mesías, de Jesús, del Cordero de Dios. Nosotros hemos sido bautizados y recibido el Espíritu Santo. ¿Cómo está nuestra relación con Jesucristo? Hay un gran peligro para nuestra vida espiritual y es el encasillarse en una devoción particular, en una práctica religiosa confortable, en unas estructuras y tradiciones recibidas que no nos atrevemos a constantemente revivificar y podemos llegar fácilmente a fosilizar nuestra relación con Dios, a contentarnos con ser “siervos y no hijos”. A veces nos contentamos con ser una copiadora espiritual que te repite lo mismo, pero que falta originalidad, la originalidad que viene de la constante apertura al poder y energía del Espíritu Santo.

“Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad. (Salmo 39)

Posted by: bishopgonzalez | January 5, 2014

La ilusión de la sorpresa

La ilusión de la sorpresa

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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

• Is. 60, 1-6
• Sal. 72
• Ef. 3, 2-3a5-6
• Mt. 2, 1-12
Este domingo es la fiesta de los Reyes Magos, como decimos en muchos de nuestros países. Los libros litúrgicos la llaman por otro nombre: La Epifanía del Señor.
Epifanía o manifestación, cualquiera de las dos se pueden aplicar a esta celebración del primer domingo del año después del primero de enero. Esta es una de esas fiestas bonitas cuando el corazón humano nos reclama obrar de una forma generosa, compartiendo lo que uno tiene, e incluso, de lo que nos hace falta, para que otros puedan disfrutar un poco.
El gran regalo de Dios a la humanidad es su Hijo Jesucristo. Este Jesucristo, recién nacido, fue el objeto de la búsqueda de unos sabios de Oriente, Reyes Magos, que habiendo visto una luz extraordinaria, la estrella, y emprendieron viaje para ver a dónde les conduciría. Tal vez sus corazones no estaban satisfechos con las riquezas que les daban sus reinos, ni la seguridad que les proporcionaban sus soldados, ni la alegría de las fiestas de palacio. Sus almas, sus espíritus, buscaban algo más y, por eso, emprendieron “el camino”. Tal vez fue un camino largo, posiblemente difícil, y sin duda, peligroso.
Ellos caminaban y seguían buscando porque anhelaban algo que valía más que los tesoros que llevaban. Ellos tenían ilusión por algo más.
La “ilusión” parece ser una virtud en peligro de extinción. Lo sabemos todo, o creemos saberlo todo. Lo controlamos todo, o por lo menos, nos gustaría controlar todo. No nos gustan las sorpresas. La abundancia de regalos que damos a los niños les quita la ilusión. Cuando terminan de abrir todos esos paquetes dan la impresión de estar más cansados que ilusionados. Hay padres, gente, que se olvida que la vida es algo más que todo eso que se puede comprar y controlar. La vida es bastante más que lo que nos entra por los sentidos. Cuando la felicidad la buscamos en lo que se puede ver y palpar, no vamos a quedar muy satisfechos y, peor aún, si con eso ya quedamos satisfechos.
Los Reyes Magos buscaban ilusionados, andaban tras la sorpresa, no decrecían los ánimos ante “el casi ya” y “el todavía no”.
Su entrevista con Herodes causó conmoción en todo Jerusalén. Tanto el rey como su cuadrilla no aceptaban sorpresas, eran de los que preferían el control, mientras ellos, claro está, fueran los controladores. Incluso piden a esos santos peregrinos que cuando hayan encontrado al niño vuelvan a Jerusalén y les informen de todo. Pero Dios, que Él si lo sabe todo, les indica otro camino, el camino de vida.
Dios sigue dando señales de vida, Dios sigue indicando el camino, Dios sigue iluminando nuestro peregrinar, Dios sigue invitándonos al cambio, Dios sigue inspirando nuestros anhelos, Dios sigue llamándonos a la ilusión de la sorpresa que “ni ojo vió, ni oído oyó”.
Hoy hay mucha gente que, como los Magos de Oriente, van en busca de una estrella que les guíe en medio de las tinieblas en que vivimos, de una paz incluso en medio del ruido de las bombas que siguen cayendo, de una hermandad en medio del abuso de los herodes y sátrapas que luchan por destruir todo indicio de fraternidad, de un entendimiento entre las múltiples culturas de una planeta que insiste en levantar fronteras.
Ojalá sigamos buscando la estrella que nos lleve al lugar donde el niño Enmanuel se encuentra junto a María, su madre.

Posted by: bishopgonzalez | December 29, 2013

Que cada hogar sea otro Nazaret

Que cada hogar sea otro Nazaret

holy family 2
MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

» Eclo 3,2-6
» Sal 127
» Col 3,12-21
» Mt 2,13-15. 19-23

Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. Para mí una de las más bonitas de todo el calendario. Si miramos a la constitución de la misma, el misterio que se nos presenta es de inmensa magnitud, y la enseñanza que encontramos en el mismo es algo extraordinario. Dios interviene directamente en su formación, y Dios mismo decide hacerlo al entrar a formar parte visible de nuestra raza. Podía haberlo hecho de muchas otras formas y, sin embargo, su preferencia fue que para hacerse como uno de nosotros se encarnó en una mujer, y nació bebé. El que nos iba a salvar, se hizo niño y como todo niño poniéndose en las manos de la humanidad para que lo cuidara.

El papa Pablo VI, de feliz memoria, en su visita a Nazaret el 5 de enero de 1964, hace cincuenta años, al hablar de esta familia santa decía que “Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús… Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida”.

A finales del siglo XIX, un gran apóstol de la familia pedía a sus seguidores, a todos aquellos que le escuchaban que oraran y trabajaran para que cada “hogar fuera otro Nazaret”.

A la familia se le ha llamado la célula de la sociedad, y el beato Juan Pablo II afirmaba que en “la familia se fragua el futuro de la sociedad”. Creo que esta es una de esas frases que debe hacer historia, y tal vez no la oímos mucho por ser tan obvia. El ser humano nace de lo más indefenso posible y en medio de la mayor necesidad: necesidad física, afectiva, espiritual. En la familia se acepta a la persona tal y como es, con la esperanza de que siempre se vaya perfeccionando, creciendo en todos los aspectos que le ayuden a llegar a la madurez en todos los aspectos que componen el ser humano.

El espacio que aquí tenemos es un tanto reducido y no da para mucho. Sin embargo, podemos afirmar que la familia, en su acepción más amplia, ha cambiado y hoy esa realidad tan humana se manifiesta en formas muy distintas y que da motivo y oportunidad para el debate, el examen, el estudio y la experiencia. Los que a ella se refieren cubren un extenso panorama y van desde el profeta apocalíptico hasta aquel que nada le importa, del que todo lo ve mal hasta el que defiende lo que más le gusta y menos exige.

En este corto espacio yo quisiera enfatizar lo que según las lecturas de hoy nos proponen. Comenzando por la primera vemos a la Sabiduría pidiéndonos respeto, servicio, auxilio, todo como expresión del amor, recordándonos el cuidado de los ancianos, algo que tanto repite el papa Francisco. En la segunda lectura, aunque Pablo habla sobre la comunidad, posiblemente también se puede aplicar a la familia, incluso con la esperanza de que en algún momento el mundo entero se convierta en verdadera familia y pide misericordia, bondad, humildad, dulzura, comprensión, perdón y AMOR, por encima de todo.

Estas virtudes hacen que la familia sea lo que debe ser. Estas virtudes la fortalecen para enfrentarse a cualquier amenaza que venga en contra de ella, por más fuerte que sea, como vemos en el evangelio de hoy. El recién nacido es amenazado de muerte y sus padres emprenden un largo y doloroso viaje al exilio, como muchos de nuestros hermanos que hoy en día tienen que sufrir pues sus vidas están amenazadas por los narcos, por la pobreza, por el hambre, por el desempleo, por la falta de escuelas, por la inseguridad bajo tantas amenazas.

Tal vez podríamos hacer una oración, como la expresada por Javier Prat Cambra en uno de sus dibujos que representan a la Sagrada Familia huyendo a Egipto: “…coge al niño y a su madre… borra las fronteras, rompe las aduanas, deroga las leyes, legaliza los papeles…y no huyas, porque el mundo es tu casa”.

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