Posted by: bishopgonzalez | May 2, 2014

La comunidad es esencial para nosotros

La comunidad es esencial para nosotros

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington
•Hch 2,42-47
•Sal 117
•1 Pe 1,3-9
•Jn 20,19-31

Estamos en el segundo domingo de Pascua y hasta el sexto y último de este tiempo pascual, la primera lectura se toma de los Hechos de los Apóstoles. Hoy corresponde al segundo capítulo (2, 42-47). Un pasaje que aunque escrito tantos cientos de años atrás, nos viene como anillo al dedo hoy día precisamente. Jesús ha resucitado y San Lucas nos describe a ese grupo original de creyentes: viven en comunidad; asisten al Templo, lo que les une al pueblo de la Antigua Alianza. Se reúnen para “la fracción del pan”, la celebración de la Eucaristía, lo que les hace miembros de la Nueva Alianza; tenían todo en común y se repartía de acuerdo a las necesidades de los miembros de la comunidad.

Este estilo de vida, había sido soñado por filósofos y maestros, pero aquí se realiza gracias a las enseñanzas del Maestro, gracias al poder del Espíritu Santo que transformando los corazones de los creyentes, ellos se comprometen con Dios y con el hermano.

Hablando a nivel internacional y local, nos podemos preguntar ¿Dónde está el espíritu comunitario? Incluso por parte de creyentes cuando en este siglo todavía existe el racismo ¿Dónde está el espíritu comunitario de solidaridad?

No es de extrañar que el Santo Padre, el papa Francisco, escribiera al Foro Económico de Davos, haciendo un llamamiento para que pusieran en marcha “decisiones, mecanismos y procesos encaminados a una mejor distribución de la riqueza, la creación de fuentes de empleo y la promoción integral del pobre, que va más allá de una simple mentalidad de asistencia”.

En verdad es intolerable que miles mueran de hambre cada día. Es vergonzoso comprobar que después de tanto hablar de crecimiento lo único que crece es la desigualdad y la injusta distribución de la riqueza. Es triste constatar que la crisis económica se ha convertido en un mecanismo perfecto para aumentar la riqueza de los ricos.

El apóstol Pedro (segunda lectura) nos recuerda que hemos renacido a una nueva vida por la Resurrección de Cristo. El cristiano responde en fe, en esperanza, en constancia y en amor hacia Cristo. La fe, está protegida por Dios, pues sería difícil mantenerla sin Él, especialmente en esos tiempos en que el creyente “tendrá que sufrir varias pruebas”, una de las cuales es en ser verdaderos hermanos, pues hay que poner en práctica en la vida diaria ese “tener una misma fe, un mismo Señor, un mismo bautismo”. Ser “hermanos en la fe”, exige “ser hermanos en el amor”.

Finalmente nos encontramos con el evangelio (Jn. 20, 19-31). La figura de Tomás puede ser la foto de mucha de nuestra gente contemporánea: “Si no lo veo no lo creo”. Él se ha separado de la comunidad, él es independiente, va por sí solo, no tiene el apoyo de los demás y por eso exige “ver” y “tocar”. Sin embargo, ante la presencia del Señor, proclama su fe sin tener que palpar las heridas del Señor, que con esta visita les dá prueba de su resurrección.

La comunidad es esencial para nosotros. La parroquia es un lugar privilegiado para recibir enseñanza, para orar juntos, para celebrar la Eucaristía, para la convivencia fraterna, para la solidaridad con el mundo que, aún en medio del pecado, todavía sigue buscando caminos de paz y oportunidades para la convivencia universal. Ojalá que un día de éstos podamos decir, gritar, que estalló la paz en el mundo entero.


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