Posted by: bishopgonzalez | February 2, 2014

‘El gozo de creer en Jesús’

‘El gozo de creer en Jesús’
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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

•Mal 3,1-14
•Sal 23
•Heb 2,14-18
•Lc 2,22-40

Hoy nos encontramos con una cierta abundancia de motivos para la reflexión. Cronológicamente en el calendario de la Iglesia este es el cuarto domingo del Tiempo Ordinario, pero este año cae en el 2 de febrero, la fiesta de la Presentación del Señor. En esta fiesta, tradicionalmente se bendicen las velas, también llamadas “candelas, por lo que por mucho tiempo esta fiesta era conocida como la “candelaria”, recordando la “Purificación de Nuestra Señora”. Desde el Concilio Vaticano II vemos esta celebración como una fiesta del Señor, aunque indudablemente con un recuerdo de la Virgen, ya que no podemos, ni debemos separar la madre del Hijo.

En algunos lugares, especialmente en pueblos pequeños había la costumbre que en este día las madres que habían dado a luz durante el último año asistían a la santa misa, se les daba una candela y con una oración ofrecían sus bebés a Dios. Hoy en día, y no siempre, al final del bautismo el sacerdote toma el niño/a y va con él al altar y de forma visible ofrece al niño a Dios, aunque también otros tienen la costumbre de que sean los padres quienes hacen esa ofrenda tan significativa y sagrada.

También hoy hay otra celebración que instituyó a finales del siglo pasado el beato Juan Pablo II, que pronto será proclamado santo, conocida como la “Jornada de la Vida Consagrada”. Creo que con dicha decisión quiso expresar su agradecimiento y admiración, no solamente de él sino de toda la Iglesia por la Vida Consagrada. En el documento de proclamación presenta unas razones para explicar la importancia y su decisión, basándose de una forma particular en Santa Teresa y por eso habla de alabanza y acción de gracias por semejante don dentro de la Iglesia; también promover el conocimiento de la misma, algo por lo que todos debemos trabajar, rogando a Dios por las vocaciones a la vida consagrada. En este nuestro país nos falta todavía estar verdaderamente agradecidos a toda esa labor que sobre todo las religiosas han estado haciendo tanto en la educación como en la sanidad, además del ejemplo de vida que nos han ido dando, de verdadera consagración a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia. Finalmente, el Santo Padre quería animar a todas esas personas que habiendo oído el llamado del Señor han decidido seguirlo viviendo esos consejos evangélicos.

Si tuvieran que enfatizar algo en particular de estos tres aspectos de este 2 de febrero, me quedaría y me quedo con la Presentación del Señor, pues me habla de algo que es tan importante, “su manifestación”. En Navidad se muestra a unos pobres pastores, a quienes llena de felicidad. En la fiesta de la Epifanía sigue manifestándose, y en este caso a unos extranjeros de tierras lejanas que siguiendo sus investigaciones y principalmente los impulsos del corazón fueron en busca de ese rey que ellos soñaban y no pararon hasta encontrarlo. Y hoy vemos que José y María llevan al niño Jesús al Templo donde dos personajes fuera de serie: Simeón y la profetisa Ana aceptan al bebé y proclaman haber visto al Salvador, al liberador de Israel.

Jesús es la clave, es la solución, es la esperanza, es la vida que quiere la vivamos a plenitud. Recientemente he recibido un libro escrito por un sacerdote, teólogo y gran experto en espiritualidad, espiritualidad que él mismo vive y que comparte con otros en sus escritos, y como decía en su vida. Él se llama Raúl Romero y este último de sus libros: “El gozo de creer en Jesús”. En la contraportada hay una frase que me hace pensar y que doy gracias a Dios por haberla encontrado. Dice así: “Los cristianos del siglo XXI estamos acostumbrados a estudiar a Jesús, trabajar por Jesús, sufrir por Jesús… Pero no estamos acostumbrados a disfrutar con Jesús, y esto a pesar de que los evangelios nos invitan constantemente a la alegría, al gozo, a la fiesta”.

El Santo Padre Francisco nos lo recuerda constantemente, y creo que no puede haber duda alguna, el día que aceptemos al Cristo “entero” nuestras vidas habrán cambiado radicalmente, y lo mismo sucederá a la Iglesia y sociedad.

Ya que Cristo se manifestó repetidamente y sigue haciéndolo, nosotros también debemos seguir buscándolo en todo tiempo y lugar, y en cada persona, especialmente en nuestros hermanos y hermanas más necesitados.


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