Posted by: bishopgonzalez | January 5, 2014

La ilusión de la sorpresa

La ilusión de la sorpresa

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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

• Is. 60, 1-6
• Sal. 72
• Ef. 3, 2-3a5-6
• Mt. 2, 1-12
Este domingo es la fiesta de los Reyes Magos, como decimos en muchos de nuestros países. Los libros litúrgicos la llaman por otro nombre: La Epifanía del Señor.
Epifanía o manifestación, cualquiera de las dos se pueden aplicar a esta celebración del primer domingo del año después del primero de enero. Esta es una de esas fiestas bonitas cuando el corazón humano nos reclama obrar de una forma generosa, compartiendo lo que uno tiene, e incluso, de lo que nos hace falta, para que otros puedan disfrutar un poco.
El gran regalo de Dios a la humanidad es su Hijo Jesucristo. Este Jesucristo, recién nacido, fue el objeto de la búsqueda de unos sabios de Oriente, Reyes Magos, que habiendo visto una luz extraordinaria, la estrella, y emprendieron viaje para ver a dónde les conduciría. Tal vez sus corazones no estaban satisfechos con las riquezas que les daban sus reinos, ni la seguridad que les proporcionaban sus soldados, ni la alegría de las fiestas de palacio. Sus almas, sus espíritus, buscaban algo más y, por eso, emprendieron “el camino”. Tal vez fue un camino largo, posiblemente difícil, y sin duda, peligroso.
Ellos caminaban y seguían buscando porque anhelaban algo que valía más que los tesoros que llevaban. Ellos tenían ilusión por algo más.
La “ilusión” parece ser una virtud en peligro de extinción. Lo sabemos todo, o creemos saberlo todo. Lo controlamos todo, o por lo menos, nos gustaría controlar todo. No nos gustan las sorpresas. La abundancia de regalos que damos a los niños les quita la ilusión. Cuando terminan de abrir todos esos paquetes dan la impresión de estar más cansados que ilusionados. Hay padres, gente, que se olvida que la vida es algo más que todo eso que se puede comprar y controlar. La vida es bastante más que lo que nos entra por los sentidos. Cuando la felicidad la buscamos en lo que se puede ver y palpar, no vamos a quedar muy satisfechos y, peor aún, si con eso ya quedamos satisfechos.
Los Reyes Magos buscaban ilusionados, andaban tras la sorpresa, no decrecían los ánimos ante “el casi ya” y “el todavía no”.
Su entrevista con Herodes causó conmoción en todo Jerusalén. Tanto el rey como su cuadrilla no aceptaban sorpresas, eran de los que preferían el control, mientras ellos, claro está, fueran los controladores. Incluso piden a esos santos peregrinos que cuando hayan encontrado al niño vuelvan a Jerusalén y les informen de todo. Pero Dios, que Él si lo sabe todo, les indica otro camino, el camino de vida.
Dios sigue dando señales de vida, Dios sigue indicando el camino, Dios sigue iluminando nuestro peregrinar, Dios sigue invitándonos al cambio, Dios sigue inspirando nuestros anhelos, Dios sigue llamándonos a la ilusión de la sorpresa que “ni ojo vió, ni oído oyó”.
Hoy hay mucha gente que, como los Magos de Oriente, van en busca de una estrella que les guíe en medio de las tinieblas en que vivimos, de una paz incluso en medio del ruido de las bombas que siguen cayendo, de una hermandad en medio del abuso de los herodes y sátrapas que luchan por destruir todo indicio de fraternidad, de un entendimiento entre las múltiples culturas de una planeta que insiste en levantar fronteras.
Ojalá sigamos buscando la estrella que nos lleve al lugar donde el niño Enmanuel se encuentra junto a María, su madre.


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