Posted by: bishopgonzalez | September 13, 2013

La misericordia de Dios es extraordinaria

La misericordia de Dios es extraordinariaREZAR

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF Obispo Auxiliar de Washington

•Ex. 32, 7-11.13-14

•Sal 50

•1 Tm. 1,12-17

•Lc. 15,1-32

Este es el vigésimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario. Alguien ha dicho que este es el domingo para resaltar “la alegría de la salvación”. La Liturgia de la Palabra nos dice algo del pecado del hombre y de la misericordia de Dios. En la primera lectura escuchamos a Dios conversando con Moisés y diciéndole del castigo que va a imponer sobre los israelitas por idolatrar y ofrecer sacrificios a un becerro de oro.

Moisés intercede ante Dios por su pueblo y la Sagrada Escritura nos dice como “el Señor renunció a destruir su pueblo como lo había anunciado”. La misericordia de Dios es extraordinaria.

La segunda lectura, tomada de las llamadas “cartas pastorales”. San Pablo confiesa que antes había sido “blasfemo, perseguidor (de los seguidores de Cristo) y furioso contradictor”, y ahora agradece “estar en el ministerio”, sin merecerlo, claro está, porque Dios tuvo compasión de él y porque “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”. El Apóstol de los Gentiles nos habla con profunda sencillez de la extraordinaria misericordia de Dios y cómo él la ha experimentado en su propia vida.

Francesc Ramis Darder escribió un librito sobre el evangelio de San Lucas. No me extrañaría que lo tituló pensando en el pasaje que hoy leemos de dicho evangelio. El título del libro, publicado en mayo de 1997, reza: Lucas, evangelista de la ternura de Dios. Diez catequesis para descubrir al Dios de la misericordia. Después de leer este título ya casi no hace falta leer nada más, al menos por un tiempo, y deleitarse en esa “ternura y misericordia” de Dios.

El pasaje de hoy nos presenta tres parábolas: el buen pastor que busca la oveja perdida y cuando la encuentra, la carga en hombros, se siente feliz y celebra con los amigos porque la perdida ha sido encontrada. La segunda parábola es la mujer que pierde una moneda, pero que no para hasta encontrarla, y, como en la parábola anterior, la mujer se llena de alegría y celebra la recuperación con las amigas.

En tercer lugar, nos encontramos con la “parábola del hijo pródigo” o como muchos hoy la llaman, la “parábola del padre misericordioso”. Estamos acompañando a Jesús en su camino a Jerusalén, mientras Él nos explica los requisitos para ser sus discípulos. Hoy hace un alto en el camino y cambia de tema. Hoy nos habla del rostro de Dios, de cómo es Dios, un Dios-Padre que acoge siempre, espera siempre y perdona siempre sin imponer condiciones.

El re-encuentro entre el hijo pródigo y el padre es extraordinario. El hijo quiere seguir esclavizado y de esa forma no tiene que cambiar, pero el padre le reta a que “verdaderamente sea hijo” y disfrute de todo lo que hay en la casa. El mayor vive en la casa ya, pero le falta descubrir la grandeza de una relación personal con el padre, se ha arropado en una obediencia puramente legalista y no ha sabido aceptar un amor creador de intimidad generadora de vida basada en el perdón y la misericordia que viene del Padre, del Buen Pastor que se alegra, que disfruta, que celebra la vuelta, el regreso del que se había perdido, vuelva en el estado que vuelva.

“Sí, me levantaré y volveré a la casa de mi padre… Cuando todavía estaba lejos, su padre le vió y sintió compasión, corrió a echarse a su cuello y le abrazó”.


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