Posted by: bishopgonzalez | June 23, 2013

‘¿Quién dice la gente que soy?’

‘¿Quién dice la gente que soy?’

 jesus1

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

Zac 12, 10-11

Sal 62

Gal 3,26-29

Lc 9,18-24

Una de las cosas que me pone nervioso es cuando visitando las parroquias o en algún evento alguien se me acerca y me pregunta: “¿Se acuerda de mí? ¿Sabe quién soy?” Soy muy malo para acordarme de la fisonomía de la gente que no veo con frecuencia y de sus nombres. Uno no sabe qué responder pues no quieres ofender a la persona. En la mayoría de los casos, como la gente es buena, se dan cuenta de mi apuro y tratan de hacerme sentir bien con el comentario: “Claro, como ve a tanta gente es imposible acordarse de todos”. Les doy las gracias, pero sigo sintiéndome mal.
En el evangelio de este domingo Jesús hace dos preguntas a sus apóstoles, la primera como introducción o apertura para la segunda. El Maestro aprovecha la ocasión para orar, ya que se encuentra solo con sus discípulos, y para hacerles pensar un poco, les pregunta: “¿Quién dice la gente que soy?”
La respuesta, sea cual sea a esta pregunta, no tiene implicaciones positivas ni negativas. Ellos le contestan de acuerdo con lo que han oído: Juan el Bautista, el profeta Elías o algún otro profeta que ha vuelto a la vida.
La segunda pregunta es de mayor envergadura: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?”
La respuesta tiene consecuencias, consecuencias serias. Pedro responde: Tú eres el Mesías de Dios. Y como respuesta a la respuesta de Pedro, Jesús les prohibió terminantemente decírselo a nadie, lo cual parece algo sin sentido pues Pedro ha dado en el clavo y Jesús les prohíbe repetirlo. ¿Por qué razón?
El pueblo llevaba siglos esperando el mesías, un mesías libertador, un mesías que echaría fuera a los opresores, un mesías que al arrojar fuera el poder opresor daría al pueblo judío la liberación, la independencia del poder extranjero, pero Jesús no es ese tipo de mesías, es el Mesías de Dios, y la salvación que Él trae va por otros caminos. Y así les anuncia algo, que a los oídos de los discípulos les tuvo que resultar un tanto raro: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho a manos de los llamados jefes del pueblo, la jerarquía religiosa, y los fiscales hasta el punto de que lo condenarán a muerte, será ejecutado, aunque resucitará al tercer día”.
Pero hay algo más para ellos y todos los que quieran seguirle: deben renunciar al propio egoísmo y estar abiertos o dispuestos a sufrir. Sólo entonces se podrán declarar y presentarse como sus discípulos.
La pregunta que les hizo, la segunda para ser más concretos, nos la sigue hacienda a nosotros hoy en 2013. ¿Quién es Jesús para mí, hoy, en este momento de mi vida? Porque sí, muchos domingos, incluso cada domingo recito el credo durante la santa misa, pero ¿es eso todo? ¿cuáles son las consecuencias de esa profesión dominical? ¿en qué sentido afecta tu vida?
Jesús trajo un nuevo estilo de vida que requería un cambio constante y radical de la persona. Esa profesión que sale de mi boca, ¿procede del corazón? ¿Estoy tratando por todos los medios posibles ser a las exigencias del seguimiento de Cristo?
No hay otro remedio, debemos reorientar nuestra vida, y cada día mirar la brújula para ver si vamos bien, por el camino correcto, con la actitud que no solamente nos hace vivir la felicidad, sino también comunicarla a los demás con una buena dosis de esperanza para evitar la tristeza, el desasosiego, el desencanto por la vida, el no vale la pena, etc. Necesitamos acercarnos más y más a ese “Mesías de Dios” que nos da a conocer a Dios, que nos guía por el camino de la salvación, que nos alumbra el futuro, que nos acompaña hacia la verdad, que nos protege del desánimo, que nos fortalece ante el enemigo, que siempre va delante, tal vez a nuestro lado para ayudarnos con nuestra cruz, para levantarnos cuando caemos.
¿Quién decís que soy? No tengas miedo a contestar, el que te pregunta es el que tiene el poder y el deseo de salvarte, de compartir contigo toda una eternidad feliz.


Responses

  1. Gracias Msgr. por recordarnos que tenemos que poner las palabras del Credo a vivir en nuestras vidas diarias. Sirviendo a nuestros hermanos.


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