Posted by: bishopgonzalez | June 7, 2013

El mesianismo de Jesús es de salvación

El mesianismo de Jesús es de salvación
levantte
MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

1 Re 17, 17-24
Sal 29
Gal 7, 11-19
Lc 7, 11-17

La muerte, ¡qué gran misterio! Sabemos que moriremos, sabemos que todo el que nace muere. Sabemos que tanto niños, como jóvenes, personas maduras y ancianos mueren. No sabemos cuándo ni cómo. Algunos mueren por enfermedad, otros en accidentes, hay quienes son víctimas de terrorismo o guerra. Sea como sea, la muerte es la compañera inseparable del ser humano, y, sin embargo, a pesar de la certeza de la misma empleamos mucha energía en ignorarla, incluso casi queriéndola negar o disimular. Muchos cementerios no permiten monumentos o mausoleos, y los hacen parecer como jardines. Hay que olvidar la muerte.

Dos de las lecturas de este domingo nos hablan de la muerte, pero también de la vida, y en especial del corazón de Jesús, que se conmueve ante de la situación de la viuda de Naín camino del camposanto para enterrar a su único hijo. Jesús ve a esa madre desconsolada, destrozada y le dice sólo dos palabras: No llores.

El Maestro se acerca a los que llevaban el ataúd, (ellos se pararon) y dijo: “Muchacho, a ti te lo digo, ¡levántate!” El joven muerto se incorporó, empezó a hablar y Jesús se lo entregó a su madre.

Este milagro de Jesús tiene una gran diferencia del que encontramos en la primera lectura, donde el profeta como si hiciera cosas de magia, sigue como una especie de rito. Jesús, no. Simplemente manda, dice unas palabras y el muerto vuelve a la vida. Estos milagros de Jesús son el signo de su mesianismo, signos que anunciaban la llegada del Mesías, pues como podemos leer unos versículos más adelante, cuando Juan el Bautista que se entera de estas cosas, manda a dos de sus discípulos a Jesús para preguntarle si era él el que esperaban o tenían que aguardar a otro. Jesús les responde pidiéndoles que informen a Juan de lo que han visto: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y se anuncia a los pobres la buena nueva”.

Ya desde su discurso programático en la sinagoga de Nazaret, Jesús se nos muestra muy preocupado por los que sufren y él se convierte no solamente en el pregonero de la buena nueva, sino en buena noticia para los que sufren, él es fuente de esperanza para aquel mundo y el nuestro, cargado con pesas muy pesadas que son difíciles de acarrear y que son agobiantes, principalmente para los débiles.

Situaciones como la presentada en este pasaje evangélico, me hace recordar también a esas personas que imitándole también están a nuestro alrededor con esas palabras que suavizan el dolor: no llores, e inmediatamente se ponen a nuestro lado para ir dándonos esa vida, esa felicidad y ganas de vivir que habíamos perdido.

El mensaje del Mesías es trabajar para poder vivir la vida a plenitud, para que en los casos en los que eso no sucede, sepamos ser compasivos y solidarios con los que sufren sed, los que carecen de comida y vestido, los que buscan y no encuentran justicia, los que padecen enfermedad. El mesianismo de Jesús es de salvación, de querer salvar a todo el mundo, de preocupación por la mujer que perdió a su hijo y de toda mujer a quien se le ha negado su dignidad, o la oportunidad de ser quien es.

No llores, nos dice el Señor, pues aquí estoy contigo hasta el final de los tiempos, siendo siempre tu salvador, tu amigo, tu hermano.


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