Posted by: bishopgonzalez | May 10, 2013

Todos estamos llamados a misionar

Todos estamos llamados a misionar

giotto-ascension

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Hch 1,1-11
Sal 46,2-3.6-9
Ef 1,17-23
Lc 24,46-53

Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor. Cuarenta días después de la Resurrección, Cristo sube a los cielos. Durante ese tiempo Jesús visita a sus discípulos para confirmarles en la fe y encargarles la misión. Sí, Él ha resucitado, les ha mostrado las llagas que le habían abierto en sus manos y costado, les ha encargado continuar el anuncio del Reino, les ha dado el poder de perdonar y reconciliar al hombre con Dios y con los hermanos, ha señalado a uno de ellos como cabeza del grupo, algo así como su líder, su pastor, les ha prometido el Paráclito quien les explicará todo y les ayudará a comprender todo lo que Él les ha dicho y lo que de Él se había profetizado. Les ha animado a continuar, al mismo tiempo que les ha explicado la necesidad de que Él tenía que regresar al Padre, de dónde y de quién había venido anteriormente.

Así después de haber pasado un tiempo viviendo física y visiblemente, compartiendo la vida, el trabajo, las alegrías, las tristezas, la comida y la falta de la misma, la libertad y la persecución, aceptando triunfos y rechazos, predicando a grupos entusiasmados y a otros de oídos sordos, sale de ese mundo a donde llegó en una forma humilde, en un lugar destinado al cobijo de las bestias, habiéndose despojado de su poderío. Ahora cerca de la Ciudad Santa sale hacia los cielos para sentarse a la derecha del Padre, glorificado y triunfante.

Y mientras les bendice “fue llevado a los cielos”.

Mucho había cambiado desde su presentación en el Templo y su despedida. Ahora que Él se va comienza, como veremos el domingo que viene, Fiesta de Pentecostés, la era de la Iglesia, cuyos miembros, todos, estamos llamados a misionar, a proclamar y testimoniar el Reino de Dios, y que para pertenecer al mismo no hay necesidad de “papeles”, ni existe valla que impida la entrada, y donde todos somos “mojados” en las aguas bautismales.

Jesús subió a los cielos y ahora nos toca continuar lo que Él empezó. Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que se compadezca de los pobres y enfermos, ni el que multiplique el pan y los peces, nos va a tocar a nosotros cuidar a los pobres y a los enfermos, vamos a ser nosotros los encargados de que esta tierra produzca suficiente comida para cada uno de los seres humanos, aunque tal vez sea mejor decir que somos nosotros los responsables de que la abundancia que ya existe sea justamente distribuida, que en materia de viviendas haya mejor reparto pues no hay necesidad de que unos cuantos necesiten mapas para caminar por sus casas y no perderse y otros tengan que caminar de puntillas por la habitación para evitar tantos cuerpos compartiendo tan poco espacio.

Ojalá que los que pasamos horas y horas, día y noche mirando la pantalla del ordenador y los papeles en la mesa, no nos olvidemos de buscar el rostro del hermano; ojalá que esos aparatos que llevamos pegados al oído, no nos impida oír el grito desesperado del que sufre; ojalá que en esa exuberancia de palabras que proferimos constantemente, hayan algunas de consuelo y esperanza para el necesitado.

Como los Apóstoles en la Ascensión del Señor miramos al cielo y nos llenamos de alegría. Como ellos también, no nos podemos quedar mirando arriba, hay que mirar a nuestro alrededor y cumplir la misión que Él nos entregó.


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