Posted by: bishopgonzalez | April 18, 2013

¿A quién escuchas y qué escuchas?

¿A quién escuchas y qué escuchas?
OVEJAS
MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

• Hch 13,14.43-52
• Sal 99,2.3.5
• Ap 7,9.14b-17
• Jn 10,27-30

Estamos ya en el cuarto domingo de Pascua y nos encontramos, como cada año ante la figura del Buen Pastor, aunque en este ciclo C, parece que se habla más de las ovejas. El Buen Pastor me encanta, para mí es el resumen, es el cuadro que no hay que explicar, sino más bien contemplar. Esta contemplación del Pastor se debe hacer dentro del contexto Pascual, del Cordero que es sacrificado. Este Pastor no se contenta con visitas esporádicas, infrecuentes o de simple protocolo, él las conoce, y conocer, en el sentido bíblico, como explica muy bien A. Pronzato: “Significa establecer una relación profunda de comunión con una persona; indica una intimidad bajo el distintivo del amor”.

Como Buen Pastor, Jesús, manda que se predique la buena nueva, la salvación, a todo el mundo. Así lo ha entendido la Iglesia desde sus comienzos. Dos grandes figuras de la iglesia primitiva, Pablo y Bernabé (primera lectura) viajan, van de un lugar a otro, a veces con riesgo de sus propias vidas, a proclamar el evangelio, sin distinción de clases.

Pablo y Bernabé en su primer viaje misionero han llegado a Antioquía de Pisidia y allí al asistir a los servicios del sábado en la sinagoga piden la palabra y explican el mensaje que traen. Los asistentes quedan encantados y les invitan para la semana siguiente. Durante la semana seguro que la gente ha ido hablando de estos dos hombres y de su mensaje. Como resultado de todo esto, se reúne casi toda la ciudad para escucharles, algo que no gusta a los líderes, quienes invitan a gente de influencia para echar de su territorio a Pablo y Bernabé.

Y el Señor, que escribe recto aún en líneas torcidas, aprovecha este fracaso aparente para que Pablo y Bernabé se dirijan ahora a los gentiles. Este pasaje nos muestra el sentido universalista de la salvación que encontramos tan marcadamente en San Lucas y que por otro lado nos recuerda que la Palabra de Dios pone ante nosotros una opción que puede muy bien marcar nuestras vidas: con Dios o contra Dios, nada de a medias tintas. El discipulado es de sí constante al Cristo que nos llama.

Hoy es el Día Mundial de la Oración por las Vocaciones. El texto evangélico está tomado del capítulo 10 de San Juan en el que se nos presenta a Cristo como Pastor, una figura bíblica tan entrañable. A pesar de la brevedad del pasaje hay una lección que no podemos olvidar pues Jesús habla de la relación que debe existir entre el pastor (Jesús) y sus ovejas (sus discípulos).

Las ovejas le escuchan y le siguen. Estas actitudes no son siempre fáciles, en parte por nuestra actitud individualista, por nuestra actitud de persona independiente y autosuficiente, que no nos gusta seguir, sino hacer lo que yo mismo decido. Esta forma de pensar del hombre de nuestro tiempo, del autosuficiente que tiene todo a su disposición o que así lo cree, necesita de nuestra parte una revisión, pues como muy bien señala un autor moderno: “la civilización de la abundancia ha ofrecido al hombre medios de vida, pero no motivos para vivirla”.

El Buen Pastor “da vida eterna”, o sea algo que vale la pena.

Escuchar, el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento es un pueblo en escucha constante: “Escucha, Israel”. Un examen de conciencia puede ser muy provechoso. Mira por un momento un día cualquiera de tu vida y pon atención a quién escuchas y qué escuchas. Estamos viviendo una cultura que nos bombardea con mensajes de toda clase. Estos mensajes nos llegan envueltos y cubiertos con los más atractivos diseños que son gancho para nuestra vista, olfato, oído y tacto. Nos llegan mensajes en los que es difícil discernir entre la ciencia y la ficción, entre la verdad y la mentira, nos vienen envueltos en una capa de intereses creados y, a veces, son distorsiones del original.

Lo mismo que no hay peor sordo que el que no quiere oír, no hay mejor escucha, que el que quiere escuchar. ¿Qué mensajes quieres tú escuchar?

Escuchar y seguir. Seguir a Jesús sin condiciones, o sea aceptando su vida como ejemplo a imitar en solidaridad con nuestros hermanos, “en las alegrías y tristezas, en los triunfos y en las calamidades del hombre de nuestros días”.


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