Posted by: bishopgonzalez | March 23, 2013

Ecce Homo: He aquí el hombre

Ecce Homo: He aquí el hombre

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

» Lc. 19, 28-40 (Procesión de Ramos)
» Is. 50, 4-7
» Sal 21, 8-9. 17-24
» Flp. 2, 6-11
» Lc. 22, 14-23, 56

Hemos llegado al ‘Domingo de Ramos’ o mejor dicho estamos para celebrar ‘El Domingo de Ramos en la Pasión del Señor’. Al principio de la liturgia se bendicen los ramos y se lee el evangelio que cuenta la entrada de Jesús en Jerusalén, una entrada triunfante, mas no está exenta de dolor. El versículo siguiente, pero que no leemos hoy, nos dice que al acercarse a la ciudad lloró por el re-chazo que recibiría de ella. Según nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica (560): “Mani- fiesta la venida del reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su Muerte y de su Resurrección…”

Tal vez sea bueno el que nosotros al oír durante la santa misa la lectura de la Pasión del Señor, este año, la que nos dejó el evangelista Lucas, sintamos “compasión” por el Cristo que sufre. Sería de gran provecho espiritual para nosotros, ponernos en el lugar de Cristo, que “no se aferró celoso a su igualdad con Dios, sino que se rebajó a sí mismo hasta ya no ser nada”.

Tengo en mi reducida biblioteca algunos escritos del P. Javier Gafo, S.J., q.e.p.d., con quien en alguna ocasión compartí la mesa en mis visitas a Madrid y quien era un gran teólogo y experto en bioética. Al preparar las refle-xiones para esta semana, Santa Semana, quiero enfatizar algo en que él hacía hincapié en la homilía que predicó para este domingo hace muchos años. Comienza con la frase de San Francisco de Asís que decía: “Me sé de memoria a Jesucristo crucificado”.

Seguro que el santo no se refería a conocimientos científicos o incluso teológicos. Más bien, diría yo, que San Francisco se refería a ese conocimiento vivencial, a ese conocimiento de haber vivido y contemplado en su mente y corazón la pasión del Señor. Como hemos leído y visto lo ha vivido en su pastoreo nuestro nuevo Santo Padre Francisco.

El P. Gafo, anotaba unos rasgos de esta na-rración de Lucas. En primer lugar nos encontramos con uno profundamente humano en la mirada que Jesús dirige a Pedro, una mirada que era invitación al amigo cobarde a volver, a dejar el pasado, como el hijo joven vuelve a la casa del Padre, y la mujer sorprendida en adulterio a quien Jesús no condena.

Un segundo rasgo que el P. Gafo vé, es un Jesús en el que brilla la ternura, la mansedumbre, la humanidad, la bondad, la misericordia. En medio de su dolor “consuela a las mujeres de Jerusalén que lloraban por Él” (v. 28); perdona a los que le crucifican “porque no saben lo que hacen” (v. 34); y finalmente ofrece el paraíso al ladrón arrepentido “hoy estarás conmigo en el Paraíso” (v. 43).

La proclamación de la Pasión del Señor se debe hacer de la forma más respetuosa, tal vez quitando un poco la teatralicidad que en algunas ocasiones se le quiere dar y sin querer ofrecer sugerencias antilitúrgicas, creo que sería bueno que la gente esté en la posición que más les ayude a, desde lo profundo del corazón, caminar al lado de Jesús durante esos eventos cruciales de su vida: la muerte del inocente, que entrega su vida, que no se la quitan, que la ofrece por cada uno de nosotros indivi-dualmente, que no escatima muestras de su compromiso con el plan de Dios y su misión de salvación.

Lo malo de todo esto es que a pesar de todo este sacrificio de amor por parte de nuestro Dios, seguimos acusando falsamente, abofeteamos a aquellos cuyas caras no nos gustan, seguimos riéndonos de los pobres, ejecutando a inocentes, negamos la dignidad a los que no se nos parecen y echamos de la ciudad a los que no nos caen bien, aunque les permitimos volver cuando es para nuestro bie-nestar.

Nosotros al comulgar, comulgamos el Cuerpo del Señor, y por eso mismo, no solamente estamos con Él, sino que “debemos dejarnos llevar por Él”, quien nos enseña la supremacía del “darse’ sobre el “tener”. Al recibir el Cuerpo de Cristo, debemos recordar que Él fue traicionado, herido, ultrajado y que se me llama, como dice Alessandro Pronzato, a “comulgar con el sufri-miento del mundo”.

Ecce Homo: He aquí el hombre. ¿En qué modo he contribuido a la forma del hombre de hoy?


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