Posted by: bishopgonzalez | March 15, 2013

Jesús no viene a condenar, sino a salvar

Jesús no viene a condenar, sino a salvar
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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Is 43,16-21
Sal 125
Flp 3,8-14
Jn 8,1-11

Estamos en el quinto domingo de Cuaresma, con el próximo comenzaremos la Semana Santa. Todas estas semanas hemos estado reflexionando, de una manera u otra, acerca de la conversión, del cambio radical.

Las lecturas de hoy, incluido el evangelio, que hoy lo tomamos de San Juan en vez de San Lucas, tienen como común denominador lo nuevo, el mirar hacia delante.

En la primera lectura, que está tomada del “Segundo Isaías” disfrutamos del poeta/profeta quien recuerda a los que han regresado del exilio, lo que Dios hizo al sacarlos de Egipto, al arrancarlos de la esclavitud para hacerlos libres. El Señor les pregunta si se acuerdan del pasado de los prodigios que había hecho por ellos y les anuncia que mucho más maravilloso será este nuevo éxodo. El agua en el desierto y páramo podría muy bien recordarnos las aguas bautismales que nos dan nueva vida. Por lo tanto, les dice que es mejor olvidarse del pasado porque ahora verán cosas nuevas, una transformación general donde el pueblo dejará ya de lamentarse y llorar y se dedicarán a cantar alabanzas al Señor.

Nuestro Señor es Señor del éxodo, nosotros somos pueblo del éxodo, estamos llamados a constantemente salir de la esclavitud del pecado y entrar en la liberación de la “tierra prometida” que es la relación íntima y formal con el Cristo que nos salva.

Después de estas cuatro semanas desde el Miércoles de Ceniza cuando se nos volvía a llamar una vez más a la liberación/conversión, ¿dónde me encuentro yo? ¿soy persona del éxodo, de la salida de mi pecado hacia la vida nueva de la Pascua que se nos acerca?

San Pablo (2º lectura) confiesa “no considerarse perfecto” pero sí que está siguiendo su carrera para alcanzar a Cristo Jesús. La verdad es que Cristo ya lo alcanzó a él y por eso para Pablo todo lo que tiene lo considera basura y lo deja con tal de “ganar a Cristo”. Yo y tú hermano/a tal vez estemos fuertemente abrazados a todas esas otras cosas que Pablo considera pérdidas, quizás nos encontremos encadenados por nuestras actitudes, vicios, defectos y pecados: ¿cuándo nos vamos a levantar de una vez para siempre y salir de nuestro egipto de esclavitud?

Nuestro evangelio para el día de hoy, aunque está tomado de San Juan, tiene todas las características del evangelista Lucas: el perdón, tema lucano como pudimos ver el domingo pasado.

Hoy vemos a Jesús que después de pasar la noche en el monte de los Olivos ha regresado al área del Templo de Jerusalén y allí le han presentado una mujer “sorprendida en adulterio”. Es extraño que siendo la consecuencia principal de un acto como éste la “pérdida del honor y la vergüenza del esposo” que éste no aparezca en ningún sitio. ¿Quiso él, como se pregunta John J. Pilch, deshacerse de ella permanentemente porque tenía celos de ella, o fueron sus enemigos quienes le pusieron la trampa para hacerle quedar mal? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que se la trajeron a Jesús para que Él emitiera juicio y así, tanto los maestros de la Ley como los fariseos poder acusar a Jesús.

Jesús buen conocedor de las costumbres de los pueblos mediterráneos, se inclina y comienza a escribir en la tierra, para indicarles que no está interesado en su trama, y así, cuando uno por uno se han ido Jesús tranquiliza a la mujer, asegurándole que Él no la condena y le invita a ser mujer del éxodo, mujer que abandonando su pecado encuentra la verdadera libertad.

Jesús no viene a condenar, sino a salvar. El perdón y la misericordia de Dios es lo que verdaderamente debe darnos esperanza a todos los que hemos caído. Lo que sí pide es sinceridad de nuestra parte, voluntad de seguirlo, aceptación de su guía.

¿Qué diremos de todos esos que sin más ni menos se consideran “agentes de Dios”, que llevan los pecadores a la presencia del Señor, no buscando la sanación y reconciliación, sino algo así como la propia gloria, el hundimiento de los demás y el puesto de paladines del bien y la ortodoxia?

“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Sal. 125.


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