Posted by: bishopgonzalez | March 8, 2013

Invitación a la conversión constante

Invitación a la conversión constante
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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Jos 5,9a.10-12
Sal 33
2 Cor 5,17-21
Lc 15,1-3.11-32

Estamos ya en el cuarto domingo, en la segunda parte de la Santa Cuaresma. La semana pasada habíamos reflexionado un poco sobre la misericordia de Dios y, también, la necesidad de una conversión, de una conversión que nunca acaba, de una forma especial, el evangelio nos recuerda el mismo tema: “Volver a la casa del padre”. El primer domingo se nos hablaba del comienzo, las tentaciones y del final; la transfiguración, en el segundo. Los domingos restantes se nos habla de temas sacramentales. En este cuarto domingo tenemos un tema muy propio del evangelio de San Lucas: la misericordia divina.

En la primera lectura nos encontramos a Josué y el pueblo elegido celebrando la Pascua por primera vez en la Tierra Prometida. Se purifica la memoria del pasado, las infidelidades del pueblo en el desierto y ahora se renueva la Alianza, ofreciendo los frutos de la Nueva Tierra, de la nueva vida.

En la segunda lectura Pablo recuerda a la comunidad de Corinto de que han sido reconciliados con Dios en Cristo Jesús. Todo lo viejo, todo lo anterior queda ya superado, pues unidos a Cristo somos criaturas nuevas. Nosotros también, por el bautismo que hemos recibido participamos de la muerte y resurrección del Señor, pues morimos al pecado y recibimos la vida nueva: la vida divina.

Dentro de muy pocos días algunas de nuestras amistades van a ser bautizadas o van a ser admitidas en plenitud a nuestra comunidad eclesial. Tal vez la mayoría de nosotros ya hace tiempo que fuimos bautizados y nuestros padres y padrinos hicieron unas promesas en nuestro nombre. En unas pocas semanas se nos va a invitar a que NOSOTROS MISMOS reno-vemos esas promesas de renuncia a Satanás y al pecado: ¿Cuál es nuestra respuesta VERDADERA a esa invitación? ¿Es pura palabra o es una respuesta firme y sin equívocos al Dios que nos invita a la CONVERSIÓN constante?

En la parábola que hoy nos presenta el evangelio, Jesús está comiendo con publicanos y pecadores públicos. Los líderes del pueblo, tanto religiosos como políticos, no ven con buenos ojos que todo un señor, profeta y maestro le llamen algunos, se mezcle con semejante chusma.

Jesús les propone tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido. En estas tres parábolas hay un cierto denominador común: pérdida, búsqueda/encuentro y celebración.

En las dos primeras y que no leemos en este domingo, el aspecto de celebración, a decir verdad, me parece un tanto exagerado. Ese de que la señora de la casa llame a todas las vecinas para decirles que ha encontrado la moneda que había perdido o que el pastor que ha encontrado la oveja perdida tenga que reunir a todos los pastores que están por los apriscos cuidando a sus ovejas, pues a mí me parece un poco exagerado y como si el pastor y la buena señora no las tuvieran todas consigo. Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que Jesús está hablando de Dios, debemos admitir que Él está tan locamente enamorado de nosotros, que no le importa hacer el ridículo con tal de recuperar a todos y cada uno de los extraviados.

La parábola del “Hijo Pródigo” se entiende mucho mejor cuando nos damos cuenta de todo ese amor rebosante que Dios siente por todos nosotros, que no le importa lo que digan los vecinos, su interés está en que el hijo “perdido y muerto” ha “resucitado y se le ha encontrado”.

Esta parábola del “Hijo Prodigo” está situada en el medio de lo que conocemos en San Lucas como “El viaje a Jerusalén” (9, 51 a 19, 28). Jesús va camino de la Ciudad Santa y durante el trayecto instruye a los discípulos y de una forma especial durante las cuatro comidas en las que Jesús participa, habla, podríamos decir, de lo que la futura iglesia, peregrina siempre, debe hacer (E. LaVerdier). En éste, su curso de formación de los discípulos, hace como un alto, una pausa, para hablar del Padre y así nos encontramos con el pasaje que hoy nos presenta la liturgia.

Por nuestra parte recordemos que la CONVERSIÓN, de la que tanto se habla hoy en día, es “una decisión viva/activa, consciente y expresada en la acción”, realizada desde lo más profundo del corazón.


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