Posted by: bishopgonzalez | February 28, 2013

Una conversión existencial

Una conversión existencial

higuera1

MONS. FRANCISCO GONZÁLEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Ex. 3, 1-8.13-15
Sal. 103
1 Cor. 10, 1-6.10-12
Lc. 13, 1-9

Las lecturas para este tercer domingo de Cuaresma, pueden y deben darnos mucho que pensar. Son lecturas (1º y el Evangelio) que exigen acción. Son lecturas de puntilla, porque nos pueden hacer un cierto daño, o sea, que tomadas en serio podrían alterar nuestra vida, un tanto cómoda, quizá para algunos, en un país como en el que vivimos.

Cuando la Iglesia abandona el coro y deja la sacristía para salir a la calle, las cosas se complican. La llamada “cuestión social” no es tema agradable, sin embargo hay que enfrentarlo, como el mismo Dios lo hace. No podemos separar en el ser humano su cuerpo de su espíritu/alma, pues cuando eso sucede, la muerte tiene lugar.

En la primera lectura Dios mismo dice a Moisés que “he visto la humillación de mi pueblo… he escuchado sus gritos al ser maltratados… conozco su sufrimiento, y he bajado para librarlo de la opresión… y los voy a llevar donde puedan vivir, donde hay de todo lo necesario”. Una imagen de Dios que interviene en la liberación política y social de su pueblo, un Dios que no espera simplemente adoración, sino que sintoniza y simpatiza con los oprimidos y lucha contra la injusticia, o sea, un Dios liberador, un Dios que se define “yo soy el que soy”, el que estoy aquí con vosotros.

En este sentido va la canción “El Padre nuestro” letra de José Cubiella y música de Fernando Viejo: “Padre nuestro que estás en la tierra… hoy tu nombre nos sabe a justicia, esperanza y a gloria tu reino… Padre nuestro que estás en la calle, entre el tráfico, el ruido y los nervios…Tú no eres un Dios que te quedas alegremente en su cielo, sino que alientas a los que luchan para que llegue tu reino…” Yahvé vió el sufrimiento de su pueblo y bajó a remediarlo.

El evangelio nos presenta dos hechos, uno político y el otro laboral. En el primero los soldados romanos dan muerte a unos galileos; en el segundo hay el relato de un accidente laboral, el derrumbe de la torre de Siloé. Ante tales eventos, Jesús pide la conversión existencial, el cambio de actitud, un giro hacia lo que Dios propone en su plan de vida, de acuerdo con los criterios de la Palabra que se encarnó.

El evangelio concluye con la parábola de la higuera estéril, de aquellos que chupan la sabia de los demás, ocupan lugar y nunca producen fruto. Si no cambian, después de un período de gracia, también perecerán. Un futuro no muy halagüeño para todos esos que van sacando la sangre a los demás, y que su propio egoísmo les impide intervenir en la mejora del mundo.

¿Quién hablará por los que no tienen voz, por los inmigrantes, por los que les han robado las tierras, por las víctimas del terrorismo político, militar, religioso, de la droga, de la ambición de poder?

San Pablo recuerda a los Corintios la necesidad de estar alerta. Él les cuenta cómo Dios dió a sus antepasados todas las bendiciones necesarias para la salvación, sin embargo la inmensa mayoría no agradaron a Dios y por eso perecieron en el desierto. La conversión constante, la que dura toda la vida, es la verdadera conversión, de lo contrario “uno puede creerse seguro y sin embargo caer en lo más profundo”.

“Padre nuestro que estás en la tierra…aliéntanos en la lucha para que llegue tu reino”.


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