Posted by: bishopgonzalez | February 21, 2013

Cuando oímos lo que queremos…

Cuando oímos lo que queremos…
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MONS. FRANCISCO GONZÁLEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Gen 15,5-12.17-18
Sal 26
Fil 3,17-4,1
Lc 9,28-36

Ya ha pasado la primera semana de Cuaresma. Una semana que ya no volverá. El llamado que recibimos claramente el Miércoles de Ceniza de “convertirnos y creer en el Evangelio” posiblemente nos llegó al fondo del corazón y decidimos hacer un cambio en dicha dirección. No sería de extrañar que movidos por esa manifestación de fe del pueblo cristiano nos decidiéramos a profundizar en nuestra oración, a renunciar a ciertas cosas y a compartir lo nuestro. Y ahora echando una mirada a esos días y a esos propósitos cabe la pregunta: ¿Cómo nos ha ido?

Si hemos cumplido, demos gracias a Dios y tengamos cuidado de que no se nos suba a la cabeza esos peldaños conquistados. Si hemos fracasado, no nos desanimemos, la misericordia de Dios es infinita y ahí está Él para alentarnos, guiarnos, fortalecernos y perdonarnos, si es necesario, con tal de no ceder ante el enemigo, que como veíamos la semana pasado, hasta al mismo Jesús tentó y lo hizo con todos los artilugios propios del ser que solo desea nuestra perdición.

Para esta segunda semana la lectura evangélica está tomada del capítulo 9 de San Lucas. Nos habla de la Transfiguración.

Parece que en este caminar hacia Jerusalén Jesús vive una cierta crisis. Ve la necesidad de preguntar qué es lo que la gente piensa de Él. En segundo lugar, les anuncia algo que no esperan: va a ser ejecutado. Al mismo tiempo les habla de lo que se requiere, de las exigencias para poder catalogarse como discípulo de Él. Todo en contra de lo que por otros pasajes del evangelio, sabemos que ellos pensaban.

Ocho días después de todo eso, toma a tres de sus más allegados seguidores: Pedro, Juan y Santiago y sube con ellos a lo alto del monte. ¿Para qué? Pues para orar. Durante esta oración, durante este diálogo con el Padre, el Maestro se transforma, su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. Pero solo Él, no los otros dos que le acompañaban y con los que conversaban de su destino: Jerusalén.

Los apóstoles quieren quedarse allí, incluso construyendo tres tiendas, una para cada uno de los tres personajes importantes: Jesús, Moisés y Elías. Parece ser que los apóstoles no habían llegado a distinguir, a separar a Jesús de los otros dos, todavía lo catalogaban en el mismo nivel.

En medio del aturdimiento en que estaban, les cubre una nube que aumenta su temor y se oye una voz: “Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo”.

Esa voz sigue resonando en todos los tiempos, incluso en el nuestro, cuando hablamos tanto y escuchamos poco, tal vez menos que antes. ¿Por qué? Parece ser que nos faltan puntos de referencia, nos centralizamos en nosotros mismos, nos escuchamos a nosotros mismos, solo nosotros tenemos la verdad, una verdad un tanto egoísta, pues nos preocupamos con mucha frecuencia de lo que yo quiero, de lo que a mí me satisface, de lo que a mí me place, de ser el centro del universo, de imitar más a la criatura (“Seremos como dioses”) que al Creador (“Yo seré vuestro Dios y vosotros mi pueblo”).

En el mundo estamos oyendo, lo que algunos llaman, la sinfonía del dinero; hay también los aullidos del hambre, de la corrupción, de la opresión y del rechazo; el bramido de los cañones de la guerra y el terrorismo; el quejido de los enfermos abandonados y los encarcelados olvidados, incluso el alarido que produce el silencio ante tanta injusticia y deshumanización. Unos oyen unas cosas y otros otras para justificar sus propios comportamientos. ¡Qué lástima! Jesús sigue hablando y no se le oye, siendo Él el elegido para darle la vuelta a todo lo que no viene del Padre que quiere volvamos al paraíso del principio, cuando todo estaba bien.

Sí, Jesús sigue hablando y esta es la gran esperanza para todos nosotros. ¿Qué sucedería si con todo respeto pusiéramos un stop temporal en la producción y lectura de libros religiosos, y nos dedicáramos exclusivamente a la lectura y reflexión de los evangelios para conocer mejor a Jesús, y unirnos a Él para que sea Él quien viva en nosotros?


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