Posted by: bishopgonzalez | January 24, 2013

La diversidad dentro de la unidad

La diversidad dentro de la unidad

31bn (1)

 MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

 Neh 8,2-4.5-6.8-10

Sal 18

1 Cor 12,12-30

Lc 1,1-4; 4,14-21

 La primera lectura nos habla de Nehemías, gobernador de Jerusalén, del sacerdote Esdras y de los levitas que durante toda una mañana en la plaza del Templo han estado proclamando y explicando el Libro, o sea la Ley a la cual el pueblo entero ha respondido con un profundo y comprometido: “Amén, Amén”. Este día fue declarado sagrado, pues comienza una nueva alianza.

 En la segunda lectura nos presenta un aspecto de la comunidad de Corinto, una ciudad importante, viva, donde se encuentra de todo. La comunidad de creyentes tiene grandes obras y muestra sus virtudes, aunque también sus deficiencias y una, principal, es la división que existe. Pablo nos recuerda la diversidad que debe existir, dentro de la unidad, que no quiere decir uniformidad. Él usa la metáfora del cuerpo, compuesto de tantos miembros, unidos entre sí para la vida saludable del mismo.

 Así la Iglesia, donde los miembros todos han sido bautizados en un mismo Espíritu, creador de la unidad. Sí a un cuerpo que aglutina la diversidad de sus miembros, y no a la uniformidad que destruye la variedad de dones, no a la división que destroza la armonía del cuerpo.

 Estamos viviendo en la Iglesia momentos extraordinarios y de gran oportunidad. Sí, lo mismo que en Corinto encontramos divisiones, no todos parecen seguir el mismo Espíritu. A veces damos la impresión de que en vez de escucharle y dejarnos guiar por Él, le decimos cómo queremos ser conducidos y hacia donde orientamos nuestra meta u objetivo personal. Nos lamentamos que la Iglesia está sufriendo ataques de unos u otros, de fuera y de dentro. Y aunque todo eso es verdad, creo que nuestra gran preocupación, no es necesariamente lo que la gente dice de la Iglesia, sino lo que Cristo dice de la misma y a la misma.

 La lectura evangélica para este tercer domingo del Tiempo Ordinario consta de dos capítulos distintos. La primera parte es el comienzo del evangelio donde Lucas presenta su obra a Teófilo, dándole una explicación de cómo ha conseguido la información, a quienes ha consultado, la forma en la que se ha asegurado de lo que ha recogido, y el orden de la exposición de todo lo averiguado.

 La segunda parte, que proviene del capítulo cuarto, es como el discurso programático de su futuro ministerio, algo de gran importancia, según mí entender, ya que estamos envueltos en este esfuerzo extraordinario de la llamada “Nueva Evangelización”.

 Evangelio significa “Buena Nueva, Buena Noticia”, y esa cosa Buena es sin lugar a dudas la persona de Cristo. El evangelista nos ha presentado la infancia de Jesús, el ministerio de Juan el Bautista, incluido el Bautismo de Jesús, su genealogía y las tentaciones. Hoy, siguiendo al Maestro, le acompañamos a Galilea, a su pueblo, donde como ha hecho con frecuencia, va a la sinagoga, donde le entregan el rollo del profeta Isaías y elige el pasaje con el que explica lo que será su trayectoria.

 Primero de todo anuncia que ha sido elegido, ungido por el Espíritu del Señor, con el propósito de dar la Buena Noticia. Uno cabe preguntarse: ¿A quién le va a dar esa buena noticia? Él mismo señala a cuatro grupos de personas: a los pobres, a los cautivos, a los ciegos y a los oprimidos. Algunos tal vez echen de menos que no diga nada a los del Templo, o a los pecadores, o a los opresores del pueblo.

 La Buena Noticia es consolación para los pobres, es libertad para los cautivos y a los oprimidos, es vista a los ciegos. Todos ellos son gente que sufre, y en la mayoría de los casos porque los otros, los poderosos, políticos, líderes de un tipo u otro están muy interesados en su propio beneficio, en su bienestar. Se podría decir que ellos no están interesados en la Buena Noticia de Cristo, ya que el aceptarla exige un cambio, un cambio que nos lleve a trabajar por una humanidad en solidaridad, por una humanidad dedicada a paliar el sufrimiento del ser humano, humanidad que vive en la libertad de los hijos/as de Dios.

 Ojalá que la evangelización no sea simplemente o únicamente doctrina, sino fe viva, capaz de mover, de remover las montañas del egoísmo, el gran impedimento para “allanar los caminos del Señor”.


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