Posted by: bishopgonzalez | January 4, 2013

Todos los caminos llevan a Belén

Todos los caminos llevan a Belén

MONS. FRANCISCO GONZÁLEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

* Is 60,1-6

* Sal 71

* Ef 3,2-3.5-6

* Mt 2,1-12

En este primer domingo del Nuevo año celebramos la fiesta de la Epifanía del Señor, y la primera lectura, que está tomada del profeta Isaías nos presenta a Jerusalén como el centro del mundo. La Epifanía del Señor, que significa su manifestación ante el mundo entero, ya está señalada por la lectura que tiene todo un sentido universalista, pues los hijos y las hijas, todos los pueblos con sus reyes, y que estaban en tinieblas ahora caminan todos hacia Jerusalén, pues la luz del Señor la ilumina y dicha luz sirve para alumbrar a todos, esa luz que no es otra que Cristo.

El santo evangelio de esta fiesta nos viene de San Mateo y nos cuenta lo que conocemos como la “Adoración de los Magos”, un pasaje que gusta mucho, de donde han salido varias tradiciones, especialmente esa de dar o intercambiar regalos, especialmente para los niños. La televisión nos ha estado hablando ya por un tiempo de que este año la gente no va a gastar tanto, que habrá menos regalos, que estos regalos se van a inclinar por cosas útiles que puedan ser prácticas. Sin embargo casi todos los que han hablado concluían diciendo, o refiriéndose a los niños: Sí ahorrar, sí a compras con un sentido más utilitario, pero sin negar la ilusión a los niños.

Los Magos, reyes, sabios o como se les quiera llamar han visto algo extraordinario, una estrella muy luminosa, que les indica la venida, el nacimiento de un rey, y que a través de sus estudios concluyen es el Rey de los Judíos. No el Emperador de Roma, ni Herodes que gobierna en su nombre, es otro y después de un largo viaje llegan a Jerusalén y preguntan: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?

Esta pregunta no cae bien en los oídos de Herodes y de los otros poderosos, ni siquiera de los líderes religiosos, que aunque aciertan en la interpretación de las profecías y nombran el lugar, no dan un paso en sentido real o figurativo para buscar la verdad, la realidad.

Reyes Magos en busca del Rey para adorarlo y la autoridad política y religiosa que lo ignoran o lo buscan para exterminarlo. Todo lo cual nos enseña cómo va a ser la vida de Jesús allí entre los suyos: negación, indiferencia más tarde, seguida del rechazo y que acaba en muerte.

Oyendo hablar a algunas gentes acerca de lo que les gusta, lo que les hace felices, por lo que sacrifican su vida a uno le viene la pregunta: ¿ante qué dioses se hincan estas personas, cuales son los dioses o diositos que adoran? Para saberlo sería bueno dedicar un poco de tiempo por la noche y examinar cómo se ha empleado el día: ¿lo que se ha hecho, lo que se ha pensado, lo que se ha deseado y lo que se ha tratado de conseguir? ¿Se ha dedicado algún tiempo y qué clase de tiempo al Dios con mayúscula?

Es verdad que la crisis económica nos está afectando profundamente, y sin embargo cabe la pregunta: la abundancia de dinero ¿nos enriquece o nos empobrece?

Lo mismo que entonces hay estrellas y muy luminosas que nos iluminan, nos guían hacia ese Belén eterno donde siempre encontraremos al Rey nuestro, al Dios en medio de nosotros, a quién le ofrezcamos el oro de nosotros mismos pues es Rey; el incienso de nuestro ofrecimiento, pues es nuestro Dios; la mirra del que sufre, pues por nosotros se rebajó y empobreció.

Esas estrellas, aunque parezcan pequeñas son muy luminosas y poderosas. Sus nombres son: justicia, solidaridad, paz, perdón, esperanza, humildad y amor. Justicia para el oprimido, solidaridad con el que sufre, paz y tolerancia para con los inmigrantes, perdón para los que nos ofenden, esperanza para los desahuciados, humildad en nosotros mismos y amor para todos.

Se suele decir que todos los caminos llevan a Roma. Hoy podemos cambiar el dicho: Todos los caminos llevan a Belén, allí está el que ha venido a salvarnos, y para encontrarlo solo necesitamos creer en el misterio, buscar la verdad, dejarnos llevar por la estrella/s, y creer en la esperanza que nos trae la verdadera fe.


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