Posted by: bishopgonzalez | December 25, 2012

Que cada hogar sea otro Nazaret

Que cada hogar sea otro Nazaret

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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

» 1 Sam 1,20-22.24-28
» Sal 83
» 1 Jn 3,1-2.21-24
» Lc 2,41-52

Con la celebración del martes pasado, la Natividad del Señor, se completa la Sagrada Familia, Jesús, María y José. Como nos indican los liturgistas los comentarios u homilías de este domingo deben estar centradas en la Sagrada Familia y no usar esta ocasión para hablar sobre la familia en general. Sin embargo, y con todos los respetos, es muy difícil no caer en la tentación, mejor dicho, es difícil no aprovechar la ocasión para decir algo sobre la familia, ya que es la iglesia doméstica o iglesia en miniatura, como se le ha llamado también.

En la primera lectura vemos a una mujer, Ana que ha estado subiendo al templo de Silo rogando a Dios que le diera un hijo. Finalmente su oración es escuchada y siguiendo la promesa que había hecho al Altísimo, sube de nuevo al templo de Silo, esta vez con su hijo y se lo entrega a Elí diciéndole: “El Señor me ha concedido mi petición. Por eso se lo cedo al Señor de por vida, para que sea suyo”.

Ya podemos vislumbrar en este hecho de que Dios está por encima de todo, incluso los lazos naturales de la familia.

Posiblemente esta es la enseñanza que podemos sacar del hecho de que Jesús, sin comunicárselo a sus padres y sin su consentimiento, se queda en el Templo escuchando y haciendo preguntas a los maestros. Ante la pregunta/queja de su madre, Jesús le responde: “¿Por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar en las cosas de mi Padre?”

Su respuesta nos puede hacer pensar que esa escapada, que incluso costó gran tribulación a sus padres, no fue un capricho, una de esas aventuras de adolescente en rebelión, sino más bien un acto por el cual quería establecer el orden de cosas en su vida, entre ellas que el Reino de Dios, está por encima de todo y de todos, incluso la propia familia y que él había venido para establecerlo, por eso, hecha la afirmación, vuelve a casa con ellos, y como señala el libro: “Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos”. Los padres, aún sin entender, “guardan todo esto en sus corazones”.

En la alocución del 5 de enero de 1964, el papa Pablo VI en su visita a Nazaret, dijo: “Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su evangelio”.

En estos momentos en que nuestra Iglesia habla tanto sobre la nueva evangelización, y como ha de estar siempre centrada en Cristo, suenan fuertemente en nuestros oídos las pa-labras del Santo Padre en esa misma alocución: “Aquí (Nazaret) aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida. Aquí se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo”.

San José Manyanet, fundador de los Hijos de la Sagrada Familia, pedía a los suyos el trabajo constante para dar a conocer la devoción e imitación de la Sagrada Familia, al mismo tiempo que les pedía que hicieran oración “para que cada hogar fuera otro Nazaret”.

Sí, hoy se puede y se debe recordar a la familia, la familia cristiana que está sufriendo ciertos ataques y que pasa por una cierta crisis. El futuro de la familia, decía el beato Juan Pablo II, se fragua en la familia. Es dentro de la misma donde el ser humano viene a este mundo, donde cada uno recibe lo que necesita para crecer y llegar a ser o realizar su vocación, donde el amor es el ingrediente que da sabor a la vida, incluso cuando hay dificultades y sacrificios.

El Dios que quiso participar de forma visible en la historia humana, decidió entrar en la misma dentro de una familia, algo que nos debe ayudar a valorizar y respetar la familia, pidiendo a los gobiernos y demás instituciones, incluso eclesiales y religiosas que se legisle y que se le dedique todo el esfuerzo necesario para que la familia sea, verdaderamente semilla de una nueva humanidad, donde reine la justicia, se viva la fraternidad en solidaridad con todos, especialmente, los más necesitados.


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