Posted by: bishopgonzalez | December 1, 2012

¿Qué más podemos pedir?

¿Qué más podemos pedir?

 adviento

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

 Jer 33,14-16

Sal 24

1 Tes 3,12-4,2

Lc 21,25-28.34-36

 Hoy damos comienzo al nuevo año litúrgico, Ciclo C. Durante la mayoría de los domingos, aunque no todos, la liturgia nos irá ofreciendo la lectura del Evangelio según San Lucas, un evangelio cuya proclamación, lectura, reflexión nos ayuda a acercarnos más y más al Señor. Estamos viviendo un auge en la evangelización, Nueva se le llama, y es de esperar que nos vayamos comprometiendo, o por lo menos, que expresemos en nuestras vidas una apertura más y mejor hacia Jesús, para convertirnos en verdaderos discípulos de Él. Tal vez algunos nos hayamos contentado con ser sus admiradores, y eso aunque no está mal y puede ser un principio, no es suficiente, debemos convertirnos en discípulos, imitadores, seguidores del Maestro.

 Durante el Adviento, tiempo propio para prepararnos a la celebración de la Navidad, también nos vamos a encontrar que la Palabra ofrece para nuestra reflexión otros temas: la fidelidad de Dios y la infidelidad del ser humano, la salvación, las dos venidas del Señor.

 La primera lectura nos ofrece una nota, una promesa para la esperanza: “En aquellos días y en aquella hora, dice el Señor, suscitaré a David un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra”.

Ahí está la promesa que nos debe dar esperanza, y para que esa esperanza se vaya convirtiendo en realidad, el apóstol Pablo les dice que debemos estar preparados para que cuando venga el Señor nos presentemos “santos e irreprensibles”. El apóstol les ha dado el ejemplo, y les ruega que lo imiten para que ese futuro encuentro sea glorioso y salvífico.

 La lectura evangélica está tomada del evangelio de Lucas. Ya ha entrado en Jerusalén y vamos viendo algunas de sus actividades en la Ciudad Santa. El pasaje de hoy es parte del discurso escatológico, donde se anuncian los acontecimientos que van a suceder, cosas tan extraordinarias que la gente se verá envuelta en gran angustia y enloquecida por algo parecido a esos tsunamis que están azotando a partes de nuestro mundo en tiempos recientes. No es de extrañar por tanto, la figura que describe el evangelio: “Los hombres quedarán sin aliento por el miedo por lo que se le viene encima al mundo…”

 Todo esto anunciando que el Hijo del Hombre viene sobre una nube, pero esta vez, no como lo hizo la primera, en la oscuridad de una noche, en medio del rechazo de los hombres, en una cueva. No, esta vez viene “con gran poder y gloria”.

 Sin embargo, Dios no se olvida de la Promesa, esa salvación que nos había anunciado, y así leemos: “Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”.

 Para que esta liberación se convierta en realidad, nos llama la atención, para que no nos distraigamos con las cosas que nos pueden atraer, pero que nos separarán de dicha liberación como son los vicios, la bebida, la preocupación por el dinero, o sea, todo eso que no viene de arriba, sino que es consecuencia de aquella primera separación que produjo el ser humano al querer quitar el puesto a Dios, que no es otra cosa que el pecado.

 ¿Qué hacer? Orar. Hacer oración, esa oración que nos mantiene en constante unión con el Señor, de quien nos viene todo lo que necesitamos para superar las tentaciones y todas las llamadas que nos hace la carne.

 El final, como nos lo describe el evangelio, van a ser momentos difíciles, de desastres de proporciones cósmicas, pero el centro es Cristo, a quien se le ha entregado todo el poder en el cielo y la tierra, y viene para darnos la liberación. ¿Qué más podemos pedir?

 Jesús es nuestra esperanza, y nosotros sus seguidores, estamos llamados a ser esperanza para los demás, especialmente los más necesitados. Parece que todavía no hemos llegado al final del mundo, pero catástrofes siguen habiendo, como el escándalo, el hambre, la violencia, el deseo de dinero, el vicio de toda clase. Eso no es liberación.

 Nosotros, hermanas y hermanos, estamos llamados a ser testigos de Cristo para la liberación de todos. Él nos encargó que proclamáramos y cumpliéramos todo lo que Él nos había enseñado, y le siguiéramos en todo lo que Él había dado ejemplo. ¡Benditos los que son causa de esperanza para los demás, ellos están viendo la faz del Señor!


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Categories

%d bloggers like this: