Posted by: bishopgonzalez | November 17, 2012

La esperanza no se pierde

La esperanza no se pierde

 

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

 » Dn 12,1-3

» Sal 15,5.9-11

» Heb 10,11-14.18

» Mc 13,24-32

 En la primera lectura de este domingo nos encontramos con el profeta Daniel. El pueblo de Dios la está pasando mal, algunos de ellos se han pasado a la “cultura dominante” y han desaparecido ciertos valores que los israelitas habían tenido como fundamentales. Están pasando por un tiempo de angustia, y el profeta les ha recordado anteriormente otros tiempos parecidos, cuando supieron vencer y lo mismo puede suceder hoy, pues Miguel, el Gran Jefe, defiende a su pueblo.

 El profeta les habla indicando que las culturas y poderes de la tierra pasan, y los poderosos de hoy se convertirán en los don nadie del mañana, sin embargo habrá un final para todo donde se tomarán decisiones de vida y de muerte eterna, unos se salvarán, irán “al rechazo y pena eterna”. Dice el profeta: “Los que tengan el conocimiento brillarán como un cielo resplandeciente, los que hayan guiado a los demás por la justicia brillarán como las estrellas por los siglos de los siglos” (Dn 12-3).

 Hoy también corre por ahí la tentación de pasarse uno a los valores de cultura/s que “nos caen bien”, olvidándonos, a veces, de valores preciosos que trajimos de nuestros países, de nuestras familias, de nuestra Iglesia. Con todos esos cambios, ¿seremos más felices o tendremos que arrepentirnos? Pienso en el amor por la familia extendida de los hispanos, con la que con frecuencia nos reunimos para los cumpleaños, bodas, bautizos, quinceañeras o simplemente para una comida, para compartir el diario vivir, escuchar música y ¡bailar! Actividades sencillas que fortalecen nuestros lazos familiares y que transmiten nuestros valores y tradiciones de generación en generación.

 El evangelio nos habla de cosas finales, de hecho este pasaje de Marcos entra en el estilo literario-teológico conocido como apocalíptico. Algunos proclamadores de la Palabra, con eso de que se acababa el mundo hace un año atrás y ahora a mediados del mes de diciembre del 2012, han dado rienda suelta a una predicación apocalíptica de sentido negativo: cataclismos, desolación, destrucción. Este estilo literario y de predicación lo vemos en la Sagrada Escritura, pero si ponemos atención, podemos ver el lado positivo: es verdad que al final habrá una lucha cósmica; es verdad que en esas ocasiones vimos un dualismo, la lucha entre el bien y el mal, pero es también verdad que después de todo, se anuncia un tiempo de calma, de felicidad, del triunfo final del bien sobre el mal. Por eso y en ese sentido se ha de tomar el evangelio de hoy: “Y verán venir al Hijo del Hombre en medio de las nubes con gran poder y gloria. Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo” (Mc 13,26-27).

 Para cuando esta redacción fue hecha, posiblemente Jerusalén y el Templo habían sido destruidos, las persecuciones de cristianos habían comenzado, quizás Pedro y Pablo habían sufrido ya el martirio y había incertidumbre en las pequeñas comunidades cristianas acerca de lo que se les había predicado. Y por lo tanto era necesario animar a la comunidad, el evangelio era verdadero y aunque el tiempo de peregrinación (la vida) puede ser dura y contradictoria, pero al final Dios triunfa y nosotros con Él.

 La desesperación no es cristiana, pues aunque vemos el dolor, la violencia, el engaño, el abuso del poder político, económico y religioso, la corrupción de algunos dirigentes y el sufrimiento de los inocentes, el triunfo, la victoria del bien, de Dios está asegurada; la esperanza no se pierde. Dice el evangelio.

 En la segunda lectura llegamos al final de la larga reflexión del sacrificio de Cristo, verdadero Sumo Sacerdote. A diferencia de los sacerdotes levíticos que tienen constantemente que ofrecer sacrificios, Cristo ya no, lo ofreció una vez y ahora ya se sentó para siempre a la derecha de Dios.

 ¿Cuándo vendrá con todo su poder a pedir cuentas a la creación? No te preocupes hermano/a que nadie lo sabe: ni Sandy, ni el Niño, ni la Niña son indicaciones por las que podamos calcular la llamada Segunda Venida, pues “nadie sabe la hora, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre”.

 Vive tu vida hermano/a lo mejor que puedas y deja lo demás en manos de Dios.


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