Posted by: bishopgonzalez | October 12, 2012

Busquemos la sa…

Busquemos la sabiduría que de sentido a nuestra vida

 Image

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

 Sb 7,7-11

Sal 89

Hb 4,12-13

Mc 10,17-30

 La primera lectura de este domingo nos lleva a meditar lo que verdaderamente tiene valor para aquel que está poseído por la sabiduría.

 El sabio compara el espíritu de sabiduría con otras cosas que el ser humano ansía conseguir. Menciona el poder, la riqueza, las piedras preciosas, el oro, la plata e incluso la salud y la belleza. Ninguna de ellas se puede comparar con la sabiduría. Cuando Dios invitó al rey Salomón a pedirle algo, el joven rey no pidió nada de lo que muchos otros hubieran pedido, sino un corazón para juzgar al pueblo con justicia, y saber discernir entre lo bueno y lo malo. Dios le concedió un corazón sabio e inteligente.

 El sabio reconoce que la sabiduría le viene de arriba y por eso con ella posee todo lo que el ser humano necesita para vivir en plenitud.

 El santo evangelio, seguimos leyendo el de San Marcos, está tomado de su capítulo diez. Jesús va camino de Jerusalén y de repente un joven adulto que viene corriendo se hinca de rodillas ante él, no pidiendo Milagros de alguna clase, sino algo muy importante. El joven quiere saber cómo dar sentido a su vida y así conseguir la salvación. Antes de exponer su preocupación, saluda a Jesús llamándole Maestro bueno.

Este evento que nos narra el evangelio tiene bastantes detalles que es necesario enfatizar para llenarnos del mensaje que se nos ofrece.

 En su respuesta, Jesús clarifica que solo Dios es bueno. Dicho esto le enumera esos mandamientos que la Ley señala para conseguir la salvación, y es importante notar que todos esos mandamientos se refieren a la relación con el prójimo, y ninguno de ellos menciona esa otra relación, la relación con Dios.

 El joven contesta: Maestro, todo eso lo he cumplido siempre. Posiblemente, contestó así con una sonrisa en su cara. Jesús -continúa la narración- “le miró fijamente con cariño”. Algo había ahí que el Maestro quería desarrollar, perfeccionar. Él le quería elevar a un estado más alto, o profundo, como se le quiera ver. Este joven tenía posibilidades, y así Jesús le retó: “Una cosa te falta”, una cosa, que en realidad tiene tres etapas: a) vete, vende cuanto tienes; b) dáselo a los pobres y después c) ven y sígueme.

 La sonrisa desapareció de su rostro y se marchó triste, pues era muy rico. ¡Qué lástima! Lástima no porque era rico, sino porque no supo estar como debía ante el llamado del Maestro. Parece como que las riquezas, le impidieron dar sentido a la vida, o sea, todo aquello que tenía no supo valorarlo frente al bien que podía haber conseguido repartiendo su riqueza entre los necesitados. No supo apreciar lo que verdaderamente era valioso, no encontró la forma de seguir el dicho del sabio de la primera lectura de hoy.

 No, el dinero no es malo en sí. Con un billete de 100 dólares se puede comprar drogas, sí, pero también se puede gastar para comprar comida para una familia necesitada. El billete es el mismo, está en cada uno de nosotros saber usarlo para destrucción o consuelo, para muerte o para vida. El peligro de la abundancia está en que nos hace creer superiores a los demás, en que nunca llega a satisfacer pues siempre nos empuja a conseguir más y más, sin pensar en los otros. ¿Quiénes habrán sido responsables de esta crisis mundial que estamos sufriendo? Hay muchos que han perdido su casa, sus posesiones, su trabajo. Hay quienes sienten que les han robado su dignidad, y hay quienes han ido engordando sus cuentas bancarias y beneficios, sin darse cuenta de los que han ido adelgazando físicamente por no tener que comer.

 Sí, sin duda debemos pensar en nuestra salvación, como el joven del evangelio, pero sin olvidar a los necesitados. Debemos actuar en forma que aseguremos nuestra vida del más allá, pero sin olvidarnos de la vida aquí, en este momento, en nuestra localidad, entre las personas con las que convivimos y que merecen disponer de lo necesario para vivir con dignidad.

 Busquemos la sabiduría que de sentido a nuestra vida, nos conduzca a la eterna, y siempre de la mano del necesitado, para que podamos salvarnos, como algunos dicen, en racimo, en comunidad, en familia.


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Categories

%d bloggers like this: