Posted by: bishopgonzalez | August 24, 2012

¿Qué hemos decidido?

¿Qué hemos decidido?

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF Obispo Auxiliar de Washington

»Jos. 24, 1-2.15-18

»Sal 33 »

Ef. 5, 21-32

»Jn. 6, 60-69

La primeralectura señalada para la liturgia de la palabra de este domingo y el evangeliocoinciden en el tema: la opción. Ya sea para bien o para mal, nuestrasdecisiones tienen consecuencias. Nuestra vida puede ser una gloria o uninfierno, un éxito o un fracaso, un valle de lágrimas o un jardín de rosasdependiendo de las opciones que llevamos a cabo. La vida, es verdad, no sueleser tan clara como la diferencia entre el día y la noche y por eso habráopciones/decisiones de poca importancia que no nos van a afectar de una maneraprofunda, pero sí que habrá otras que pueden afectarnos en lo más profundo denuestro ser.

Josué confronta al pueblo con unas opciones de suma importancia, algo de vida omuerte: “Digan ya mismo a quien quieren servir, ¿al Señor o a los otros dioses?Josué no se anda por las ramas. Exige una decisión: “Digan ya de una vez qué eslo que van a hacer”. Ellos respondieron: “El Señor es nuestro Dios; Él fuequien nos sacó de la esclavitud de Egipto a nosotros y a nuestros padres… Así quetambién nosotros serviremos al Señor, porque Él es nuestro Dios.”

Jesús tiene también una pregunta para sus apóstoles. No me extrañaría que tantoel semblante como la voz de Jesús denotaran en ese momento crucial de supredicación un cierto pesar, tal vez una grave preocupación.

En la segunda lectura, Pablo compara el amor de un esposo por su esposa con elamor que Cristo tiene por su Iglesia, como Cristo ama a su Iglesia, así losesposos deben amarse mutuamente: “El que ama a su mujer, a sí mismo se ama;pues nadie odia a su propio cuerpo, antes bien lo alimenta y lo cuida como haceCristo con su Iglesia, que es su cuerpo, del cual nosotros somos miembros.”

Durante cuatro semanas hemos estado leyendo el capítulo 6 de San Juan. En élnos hemos encontrado diferentes clases de gente. Primero fue un gran grupo degente, que le seguían porque les había proporcionado comida hasta saciarse;otro grupo, éste es más concreto, los judíos, lo encuentran superior a susfuerzas y por eso discuten y murmuran. Nos encontramos con sus propiosdiscípulos que critican su discurso, se sienten desconcertados y le abandonan. Porúltimo tenemos a los apóstoles, sus íntimos, a quienes confronta, como elpatriarca Josué hiciera con el pueblo siglos antes: ¿Qué vais a hacer, seguísconmigo o me abandonáis?

En ese momento se oyeron unas palabras que debieron endulzar los oídos de Jesúsy, mucho más, su corazón. Fueron dichas por Pedro: “Señor, ¿a quién iríamos? Tútienes palabras de vida eterna. Podían irse, otros lo habían hecho. Podían quedarse lo cual no era fácil. Seguir a Jesús podíaacarrearles disgustos, dificultades, incluso la pérdida de ciertos privilegios,además que lo que decía era difícil de comprender y no muy fácil de aceptar.

Sin embargo sus íntimos, sus apóstoles, habían optado por Él con todas lasconsecuencias, como se vio al final de sus vidas.

Después de la lectura atenta de estos fragmentos de la Sagrada Escriturapodemos, debemos tal vez, hacernos algunas preguntas. Ante las múltiplesofertas que recibimos por parte de todo lo que nos rodea y las innumerablesopciones con las que nos enfrentamos: ¿Qué hemos decidido? ¿Por qué/ quién noshemos determinado? Si como Pedro hemos dicho al Señor que Él es el que tienepalabras de vida eterna: ¿Somos fieles a esa decisión por la que nos hemosdecantado?

Hoy se habla tanto de los mártires del siglo XX. Tal vez tú has conocido aalguno personalmente. Ha habido mártires de toda clase socialy procedentes del mundo entero. Esas mujeres y hombres son personas quedieron un “SÍ” claro y sin restricciones. Hay mucha gente que ha dicho “sí” alSeñor. Hemos visto un signo de esperanza en esos millones de jóvenes que sereúnen en las Jornadas Mundiales de la Juventud y tantos otros muchos millonesque no pueden asistir, pero que comparten con ellos su fe, su compromiso, sualegría, su juventud, su generosidad. “Bienaventurados aquellos que saben decirSÍ a Jesús, el Señor”.


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