Posted by: bishopgonzalez | August 10, 2012

Vino para que tuviéramos vida en plenitud

Vino para que tuviéramos vida en plenitud

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MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

 » I Re 19,4-8
» Sal 33
» Ef 4,30-5,2
» Jn 6,41-52

 En la primera lectura vemos la desesperación del profeta Elías que huye de la reina Jezabel que ha decretado su muerte. Hay momentos difíciles en cada uno de nosotros que, a veces, se llega hasta la desesperación. El profeta incluso pide al Señor que le quite la vida, pues se considera que no vale nada, como culpándose por los pecados del pueblo. El Señor, que nunca nos abandona, le da un pan, un alimento tanto físico como espiritual y camina hasta el encuentro con Dios en el monte Orbe, donde el Señor le explica su plan.

 La Iglesia ha visto en el pan, en el alimento que recibió el profeta como una alusión, referencia a la Santa Eucaristía, sin la cual es muy difícil seguir el camino que Dios nos ha trazado a cada uno de nosotros. La Eucaristía, como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica, es “fuente y cima de toda vida cristiana”.

 Pablo en la carta a los Efesios les recuerda y nos recuerda a todos, por decirle de alguna forma, que seamos pueblo eucarístico, que ya que Cristo nos dio su Cuerpo y derramó su Sangre por nuestra salvación, “vivamos como él, como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros”.

Y el santo evangelio continúa con el discurso del “Pan de Vida”. Elías comió del pan que Dios le proveyó y fue capaz de caminar por cuarenta días y cuarenta noches. En nuestro tiempo tenemos a la mística alemana Teresa Neumann que según nos cuentan sus biógrafos vivió por 36 años de su vida sin comer, y cuyo único alimento fue la Eucaristía, pues los Nazis le habían quitado su tarjeta de comida.

Los judíos veían en Jesús sólo su origen humano, y por eso no pueden aceptar que él vaya diciendo: “yo soy el pan bajado del cielo”. Para ellos no tienen sentido esas palabras, pues la gente está muy segura de que conocen todo acerca de Jesús Él es carpintero, es hijo de carpintero, saben que su madre es María y conocen también a sus familiares: ¿Cómo puede atreverse a declarar que es el pan bajado del cielo?

Ellos recuerdan lo que le sucedió a sus antepasados, que ellos sí comieron pan bajado del cielo. Dios los alimentó en medio del desierto, aquel pan si que venía de arriba.

Jesús siguiendo la conversación, les dice que está de acuerdo, que si Dios les alimentó con pan, con el maná, pero les hace notar una gran diferencia: Todos ellos murieron. Pero este, insiste Jesús, es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Hay una gran diferencia.

Y para rematar la enseñanza, y subir de tono el escándalo entre la gente, añade:”Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo”.

Jesús tiene su propia pedagogía, no entra en la discusión con ellos, simplemente afirma y afirma que nadie puede ir a él, si el Padre no es el que le conduce, con lo cual nos está diciendo, que nadie se puede enorgullecer de estar cerca del Señor, como si lo hubiera conseguido por sus propios méritos, pues todo eso es simplemente gracia o bendición que el Padre nos da.

El pan, no se refiere simplemente al pan en sí, sino que es mucho más amplio, es todo lo que necesitamos para la vida, para esa vida en misión hacia el establecimiento del Reino de Dios. Y Jesús se convierte en alimento a través de su Cuerpo y de su Sangre, pero también cuando escuchamos su Palabra, Palabra de vida eterna; y no solamente cuando escuchamos su Pa-labra, sino que también cuando le imitamos, cuando seguimos su ejemplo, cuando Él se convierte en el centro de nuestra vida. Esa unión con Cristo es la que da sentido a nuestra vida, lo que da calidad a nuestra existencia. Mucho se habla de eso, de calidad de vida, y es verdad que por lo menos en el llamado primer mundo se ha conseguido alargar la vida del hombre, pero por lo que vemos y oímos, uno tiene sus dudas si con el aumento de los años, también ha habido una ganancia en lo que se refiere a la calidad.

Ojalá continuemos con nuestra vista, con nuestro corazón, con todo nuestro ser puesto en Jesús, pues Él sí que vino para que tuviéramos vida en plenitud, y el evangelio de hoy nos recuerda: “Os aseguro que el que cree, tiene vida eterna”.


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