Posted by: bishopgonzalez | July 12, 2012

Lo que el Maestro quería y cómo lo quería

Lo que el Maestro quería y cómo lo quería

 

MONS. FRANCISCO GONZÁLEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

 Am 7,12-15

Sal 84

Ef 1,3-14

Mc 6,7-13

Estamos viviendo unos momentos de grandes oportunidades para la Iglesia. Publicaciones de todo tipo, reuniones de pastoral y cursillos denominados de verano que nos hablan de algo tan extraordinario como es la evangelización. Líderes religiosos escriben cartas pastorales sobre el tema, en Roma se establece una oficina con este propósito, y el próximo octubre tendrá lugar en la Ciudad Santa el sínodo de obispos dedicado a la evangelización. No creo que sea muy importante si se le llama nueva o antigua, pues si el mensaje no es Cristo, eso de evangelización no es muy convincente.

 La evangelización es la razón de existir de la Iglesia (Pablo VI). Los dos últimos Papas nos han hablado de lo mismo y nos están animando y retando. Creo que estamos en buen camino.

 Y hablando de camino el evangelio de este domingo XV del Tiempo Ordinario nos viene como anillo al dedo. Marcos tiene una consideración especial por el camino, por el seguimiento de Jesús. Pronto en su evangelio (c. III) nos habla de la elección y razón del llamado de los apóstoles: “Estar con Él y enviarlos a predicar con autoridad (poder) para expulsar a los demonios”.

 El pasaje de hoy debe ser lectura, no sólo recomendada, sino también exigida de todo evangelizador antes de ponerse en camino misionero. Evangelizar es continuar la misión del Señor, y para poder cumplirla Él nos pide un cambio en nuestra vida, una conversión para llegar a ser sus testigos, vayamos donde vayamos.

 El evangelizador, que siempre está en camino, tiene que ir ligero, debe desprenderse de todas esas ataduras y peso que le impide caminar: “Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto”.

 Lo que les dijo que no llevaran es lo que muchos creemos que necesitamos para nuestra seguridad, para tener la energía, para cubrir las necesidades. Ir por el mundo predicando puede ser peligroso y por eso a veces nos acercamos al poder y a los poderosos para que “nos ayuden” en esta nuestra misión. Posiblemente no hay nada tan desastroso como esos estados con su religión oficial, sea la que sea. Ese poder se convierte en opresión y Jesús, como muy bien sabemos, es libertador. En las dos citas evangélicas mencionadas, Jesús da poder a sus enviados sobre los demonios, sobre los espíritus inmundos, pero no sobre las personas, quien las quiere libres.

 El quiere que todos esos malos espíritus desaparezcan. Lo que Él quiere es que nos humanicemos, que dejemos de lado el corazón de piedra y aceptemos el corazón humano que Dios nos regala con esos sentimientos de generosidad, de justicia, de solidaridad, de paz, de perdón, de entendimiento, incluso de sufrimiento a favor del hermano que sufre, principalmente del más pobre, del más enfermo, del más rechazado, del menos aceptado.

 Esta misión que encarga Jesús a los que envió de dos en dos y con lo que los envió, es un llamado a la sencillez en el estilo de vida. Él nos insiste con su palabra y con su ejemplo que con menos también se puede vivir feliz, que la acumulación de bienes no es necesaria para la felicidad, ni para el ministerio. Si es verdad que los tiempos han cambiado, y que tenemos medios de comunicación que nos pueden servir muy bien para la evangelización, pero también es bueno que los llamados a evangelizar no olvidemos que en los tiempos de Cristo, él podía haber escogido a otros para “asegurar” su misión, y sin embargo se la encargó a una gente pobre y sencilla, que como más tarde San Francisco de Asís, insistiera a sus frailes sobre la necesidad de predicar continuamente, sabiendo que en ocasiones tal vez tendrían que usar palabras.

 En estos momentos de crisis económica mundial, donde gente pierde su casa, su trabajo y su dignidad es atropellada por esos financieros, políticos y multimillonarios poco escrupulosos, es necesario releer, reflexionar y sobre todo animarse a practicar una vida sencilla.

 En nuestros esfuerzos y planes evangelizadores creo que debemos echar una mirada a lo que nos dio Jesús y a los que nosotros estamos haciendo y preguntarnos: ¿es esto lo que el Maestro quería y cómo lo quería?

 Oremos para que nuestra vida no sea un obstáculo al evangelio y su aceptación por un mundo que verdaderamente necesita “la Buena Nueva”.


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