Posted by: bishopgonzalez | July 7, 2012

La verdadera fama y el auténtico éxito del evangelizador viene de Dios

La verdadera fama y el auténtico éxito del evangelizador viene de Dios

 

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

• Ez 2,2-5
• Sal 122,1-4
• 2 Cor 12,7-10
• Mc 6,1-6

 

Hay quienes se crecen ante las dificultades, otros se achican ante las mismas. Hoy las tres lecturas de la liturgia nos recuerdan que, aun trabajando por el Señor y para su gloria, las dificultades van a ser parte de la vida. El profeta Ezequiel (primera lectura) es enviado a un “pueblo rebelde”, sin saber si le harán caso o no. Pablo (segunda lectura) vive entre sus debilidades, insultos, provocaciones, persecuciones y otras dificultades. Jesús (evangelio) se lamenta porque no le aceptan en su propia tierra.

Otro, ante tanta incertidumbre, hubiera optado por no ir. No así, Ezequiel. El poder del Espíritu lo mueve. Pablo, se siente contento y aun presume de sus debilidades, porque ha escuchado la Palabra de Dios: te basta mi gracia. Jesús al sentirse rechazado por sus propios vecinos, no tira la toalla sino que busca otros lugares: Después, continúa el evangelio, recorría las aldeas del contorno enseñando.

Hoy en día, en medio de una sociedad en la que el consumo y el hedonismo han adquirido puestos de honor, el predicador, el evangelizador, el profeta se encuentran fácilmente con una audiencia de lo más difícil, no por ser antagonista, sino más bien por tener una actitud aburrida y cansada, de completa indiferencia ante lo que viene de Dios. Incluso en los medios de comunicación se hace mofa y chiste de lo sagrado, del mensaje religioso y sin embargo el profeta no puede dejar de hablar, como nos recuerda la primera lectura de hoy: que hagan caso o no, allá ellos, pero que nunca puedan decir que “no hubo un profeta (un enviado de Dios), en medio de ellos”.

El evangelizador, sobre todo el que se crea famoso y con éxito, que recuerde a Pablo. La verdadera fama y el auténtico éxito del evangelizador es y viene de Dios. El evangelizador, el apóstol debe recordar que es instrumento en las manos de Dios, que cuanto más dócil y humilde, más grandes maravillas puede hacer el Señor. Con Él, todo es posible; sin Él, fracaso seguro. En la Santa Misa, antes de leer y proclamar el evangelio el sacerdote ora: “Purifica mi corazón y mis labios, Dios todo poderoso, para que anuncie dignamente tu evangelio”.

En las cosas del Señor debemos dejar la dirección en sus manos, pues los mismos obstáculos, persecuciones y dificultades, incluso nuestras propias debilidades, se pueden convertir en éxito rotundo, cosecha abundante bajo el cuidado del Dueño de la mies.

¿Cómo se sentiría Jesús al querer ofrecer a sus compatriotas, a aquellos en medio de los cuales había vivido, crecido y trabajado la “buena noticia” y ser rechazado? Los profetas tienen siempre una posición difícil. El profeta no pertenece a la jerarquía, no es parte del stablishment, su mensaje va en contra del status quo, la radicalidad que viven y exigen no es fácil ni atractiva. Cuando a todo lo anterior añadimos la condición de ser nuestro paisano a quien hemos conocido por toda la vida, y que no esperábamos gran cosa de él, su situación y mensaje sufren una devaluación casi infinita, tanto que “no desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”.

Ante tanta incertidumbre, debilidad y rechazo, ¿cuál es la gran tentación que pueden hoy sufrir los verdaderos profetas? -El pensar y creer que su ministerio no sirve para nada.


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Categories

%d bloggers like this: