Posted by: bishopgonzalez | June 8, 2012

Hacer lo que Cristo hizo y como Él lo hizo

Hacer lo que Cristo hizo y como Él lo hizo

 Mons. Francisco González, SF
Obispo Auxiliar de Washington

 Éx 24,3-8
Sal 115,12-13.15-18
Heb 9,11-15
Mc 14,12-16.22-26

 Celebramos este domingo la solemnidad del “Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo”. Esta fiesta me trae muchos recuerdos de aquella procesión que hacíamos en mi pueblo, en la que casi siempre me tocaba hacer de turiferario y que durante todo el trayecto de la misma caminaba, hacia atrás para poder incensar continuamente el Santísimo que el párroco, bajo palio, llevaba en la custodia. Aquí en Estados Unidos, he tenido el privilegio de llevar el Santísimo, alternando con otros sacerdotes, por algunas calles de Washington y la grata sorpresa de ver que las personas con las que nos cruzamos, algunos, se arrodillaban en la misma acera mientras la procesión y, otros se santiguaban. La fe y el respeto todavía siguen vivos en medio de nuestro pueblo.

 En la primera lectura vemos una alianza más de Dios con el pueblo. Las anteriores habían sido con Noé y con Abrahan. Ahora en el Sinaí, Moisés presenta al pueblo la ley que ha recibido de Dios y ellos proclaman su compromiso de “cumplir con todo lo que ha dicho el Señor”. Como señal del compromiso, levantan un altar, colocan doce piedras (representan la totalidad del pueblo) y ofrecen sacrificios, cuya sangre derramada sobre los presentes sella la alianza.

Otra sangre (segunda lectura), la del verdadero Sumo Sacerdote, que no sacrifica animales expiatorios, sino a sí mismo, consigue rescatarnos para siempre y establece la nueva alianza y, sobre todo, “nos purifica interiormente de nuestras obras malas para que en adelante sirvamos al Dios que vive”.

 Jesús derrama toda su sangre por nosotros y, otros muchos, antes y ahora que le han imitado en el sacrificio reclaman el compromiso de todo cristiano a una profunda alianza con el Dios que nos salva y con el hermano que nos necesita. Hoy, al celebrar y honrar el “Cuerpo de Cristo”, no podemos olvidar que también podemos extender la expresión “Cuerpo de Cristo” a su Palabra, a su Iglesia, y a todos esos necesitados de ropa, comida, bebida, libertad, patria y salud (Mt. 25, 41-45) y darles, como a “Cuerpo de Cristo” todo ese respeto y ayuda que se merecen.

 En el evangelio nos encontramos con el relato que Marcos hace de la preparación y del rito de la cena. En la preparación parece que se nos quiere hacer recordar el Éxodo de Egipto, la Pascua con la que se conmemora aquella salvación de los marcados con la sangre del cordero. Ahora hay un nuevo cordero, hay una nueva sangre, hay una nueva alianza, hay una nueva vida.

 El Banquete Eucarístico no se puede tomar impunemente, no se puede celebrar la Eucaristía, la Cena del Señor, sin el darnos a los demás. No se puede separar la Eucaristía y nuestra vivencia de la fe. La celebración de la Eucaristía nunca termina, pues trae consigo la misión, la misión de servir a los demás, de convertirse en alimento para los demás. Las palabras del Señor: “Haced ésto en memoria mía”, no se refiere simplemente al rito, sino también comprende la actitud, o sea en hacer lo que Cristo hizo y como él lo hizo.

 La celebración del, como decíamos antes, Corpus Christi, es una gran oportunidad para proclamar públicamente nuestra fe, para reconocer nuestros pecados, para reconciliarnos con los hermanos, y convertirnos en pueblo eucarístico, en pueblo agradecido y comprometido con la paz, la justicia, la fraternidad y el respeto.


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