Posted by: bishopgonzalez | February 6, 2012

El gran dilema de muchos: oración o acción

El gran dilema de muchos: oración o acción

 MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

 •Job 7,1-4.6-7
•Sal 146,1-6
•1 Cor 9,16-19.22-23
•Mc 1,29-39

 Hoy nos encontramos en la primera lectura un hombre extraordinario: Job. Se ha dicho que el libro de Job es toda una meditación o reflexión acerca de la presencia del mal y del bien en el mundo. Job es zarandeado de un lado para otro, tiene momentos de alegría y de depresión, de enorme riqueza y de completa pobreza y en medio de todo él sigue esperando pues confía en Dios. El Dios me lo dió y Dios me lo quitó es una actitud muy propia de Job, que es capaz de esperar contra toda esperanza, aunque tiene sus momentos en que le vemos profundamente afectado por las circunstancias que le tocan vivir.

En este pasaje de Job le vemos como en un viaje que hace entrando en sí mismo y buscando sentido a la vida. Lo que hoy vemos no es prometedor. Compara su vida a la del soldado, al jornalero y al esclavo: tres situaciones o profesiones que nadie envidiaba.

¿Cómo acepto yo las dificultades de mi vida? ¿Pierdo mi fe a la primera de cambio?

En el evangelio de hoy junto con los dos próximos domingos vemos unas curaciones, los “primeros signos del Reino de Dios”. Jesús ha estado en la sinagoga, la casa de oración, y ahora se fue a la casa de Simón y Andrés, acompañado de Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba enferma y Jesús la sanó. Al atardecer le trajeron a Jesús toda clase de gente necesitada: enfermos físicos y personas con espíritus malos. Él sanó a muchos.

Nos dá la impresión de que Jesús había tenido un día muy completo de trabajo. De madrugada, “cuando todavía estaba obscuro”, se levantó y se fue a orar a un lugar solitario, aunque como nos recuerda el mismo pasaje, había mucha gente que lo estaba buscando.

He aquí el gran dilema de muchos: oración o acción. La respuesta está en el ejemplo de Jesús, ambas van juntas. De hecho la primera no tiene sentido sin la segunda, y la segunda es difícil que se dé sin antes la primera. En la vida del cristiano, acción y contemplación, para que sean verdaderas deben ir de la mano: María y Marta escuchan al Señor, Marta y María sirven al Señor. Nunca podemos estar tan ocupados que no encontremos tiempos para dedicarlo al diálogo con Dios (oración), como tampoco quiere el Señor que estemos siempre en el monte Tabor en muy elevada contemplación y olvidemos el cuidado de la casa, de los hijos, de las obligaciones del trabajo y todas esas ocupaciones que requieren nuestra presencia.

Por último vemos a Pablo (2º lectura) que siente la obligación de predicar el evangelio, al mismo tiempo que no espera gloria o recompensa por ello, ya que lo que ha recibido es “gracia” y como tal la comparte con los demás de acuerdo con las necesidades y situación de cada uno, pues se ha convertido en su esclavo, en su servidor. Este hecho no le quita ni una pizca de entusiasmo para anunciar el evangelio.

¿Cómo aceptamos las dificultades de la vida? (1º lectura). ¿Cómo compaginamos la oración y la acción? (evangelio) ¿En qué forma evangelizo yo? (2º lectura).

¡Alabemos al Señor que sana los corazones destrozados y venda sus heridas! (Sal. 146)


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