Posted by: bishopgonzalez | September 16, 2011

La necesidad de la gente está por encima de las reglas de mercado

La necesidad de la gente está por encima de las reglas de mercado

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Is 55,6-9
Sal 144
Flp 1,20-24.27
Mt 20,1-16

Los exiliados vuelven y el profeta les habla de un nuevo orden. Con este capítulo se concluye la sección conocida como “libro de la consolación (40-55). El Dios del Antiguo Testamente aparece frecuentemente como austero, como el jefe que manda y gobierna. En el Nuevo Testamente lo encontramos más como el Dios que ama.

El profeta invita a buscar a Dios, a Dios que se deja encontrar, pues está cerca. Invita a la conversión, una forma segura de conseguir el perdón de Dios, ya que él es infinitamente rico en perdón.

En el v.8 Dios habla en primera persona y la recuerda la gran diferencia que hay entre su forma de ser y sus planes y la de ellos, tan grande es la diferencia, y usa como referencia la distancia entre el cielo y la tierra, una distancia infinita.

Esta lectura también se puede aplicar perfectamente a nuestros días donde tanta gente se ha hecho una idea distorsionada e infantil de Dios. A veces parece como que nos sentimos mejor creyendo en un Dios vengativo y castigador que en un Dios misericordioso, quizá basándonos en la idea de que podemos merecer nuestra salvación. No es raro oír a alguien que dice, yo no quiero caridad. Actitud que pasamos a nuestra relación con Dios. No queremos caridad (su amor, misericordia), y pagaremos lo que haya que pagar por nuestros pecados y así merecer su perdón.

Pasando ahora al evangelio, también aquí encontramos algo muy diferente de lo que se vivía entonces, e incluso ahora, hasta sin salirnos de los círculos religiosos. Un nuevo modelo, este pertenece al reino de los cielos, al imperio de Dios, como sugieren algunos autores. Nos lo presenta Jesús con la parábola de los viñadores.

El dueño de una finca va temprano a la plaza pública donde se reúnen las personas que buscan trabajo y contrata a todos los hay allí por un denario, a jornal de un día. El mismo dueño vuelve al mismo lugar cuatro veces más y a todos los manda a la viña.

Al final de la jornada manda al administrador pagar a los jornaleros, empezando por los últimos a quienes les da un denario. Los mañaneros pensaron que a ellos les daría más y sin embargo no sucede así, les da lo que había concertado con ellos por la mañana, un denario. Algo que creó el malestar consabido. Lo tradicional era, y es, pagar por la productividad.

Jesús tiene otras ideas, y quiere enfatizar la solidaridad y la igualdad. Además de que el terrateniente no ha cometido ninguna injusticia pues a los primeros les ha pagado lo estipulado. Al que se queja, el dueño se lo recuerda y añade que él puede hacer con su dinero lo que quiera, y añade: ¿es que tienes envidia porque yo soy bueno?

La parábola es un tanto complicada cuando la medimos con nuestros estándares. Tenemos que mantener las diferencias, de lo contrario traemos caos a las relaciones laborales. Es posible que así sea, pero da la impresión como que el dueño en las necesidades de los obreros que en los méritos que hayan podido conseguir. Algunos de los obreros llegaron tarde a la plaza porque tal vez tenían que arreglar la casa, cuidar a unos padres ancianos o algún hijo enfermo o tal vez la esposa estaba incapacitada. Cualquiera de los casos, todos habían ido a buscar trabajo porque lo necesitaban para dar de comer a la familia, y en el mercado los precios eran para todos iguales, trabajaran o no.

Los primeros cristianos, leemos en los Hechos de los Apóstoles, vendían sus propiedades, y poseían todo en común, luego lo distribuían a cada uno según lo que necesitaban. La necesidad de la gente está por encima de las reglas de mercado, y el provecho o ganancia debe ser repartido de la forma que llegue a cubrir las necesidades de todos los seres humanos, ya que todos tenemos derecho al usufructo de la tierra.

Si algunos encuentran difícil de justificar lo que hizo el dueño de la finca, ¿por que nadie levanta la voz cuando presidentes de entidades bancarias se pueden quedar en una habitación de hotel por $3,000.00 la noche y no dan créditos para construir una casita de 45 metros cuadrados para una familia y que cuesta sólo $1,500.00?

Oremos para que los gobiernos y empresas antepongan la lucha contra el paro y el reparto del trabajo a los intereses y beneficios de los grupos privilegiados.


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