Posted by: bishopgonzalez | May 5, 2011

Cada uno será juzgado por sus obras

Cada uno será juzgado por sus obras


MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Hech. 2, 14.22-28
Sal 15,1-2a.5-11
1 Pe. 1, 17-21
Lc. 24, 13-35
Estamos en el Tercer Domingo de Pascua. Tanto en los días entre semana como los domingos una de las lecturas se toma siempre de los Hechos de los Apóstoles.  Este librito, que a algunos les gusta llamar “el evangelio del Espíritu”, nos va relatando la experiencia de la Iglesia primitiva. Hoy vemos al apóstol Pedro (2, 14.22-33) en su primer discurso misionero.  Este primer Papa hace un discurso duro, enfrenta a su auditorio con la realidad que hacía poco había sucedido en medio de ellos, y como se suele decir, llamó las cosas por su nombre.

¿Cómo recibirían aquella gente estas palabras de Pedro?  Posiblemente habría de todo, pero eso no importaba a Pedro, su deber era proclamar, anunciar a Jesús de Nazaret: sus obras, su muerte y su resurrección. Esta última verdad era importantísima, porque aunque “los malvados le dieron muerte”, Dios no le abandonó entre los muertos, ni permitió que su carne fuera corrompida, sino “que lo resucitó”.

La segunda lectura está tomada de la primera carta del apóstol San Pedro (1, 17-21).  Nos habla del Padre y de Cristo.  Cristo es el Cordero sin mancha, cuyo sacrificio fue para pagar nuestra deuda, un rescate más costoso que si lo hubiera conseguido con oro o plata.  Al haber recibido tanto, nos dice que tomemos en serio estos años que vivimos fuera de la patria.  El Padre va a juzgar a cada uno por sus obras, “no hace diferencias”, no acepta “influencias”, ni cae ante “las mordidas”, sino que “juzga a cada uno según sus obras”.  Por eso nosotros tenemos una urgente necesidad de aceptar al Jesús Resucitado, y eso implica un cambio radical de nuestras vidas, para que sean vidas nuevas, al estilo de Nuestro Salvador.

¿Dónde encontramos al Señor?

El evangelio de hoy (Lc. 24, 13-35) nos da una ayuda muy grande. Aquí leemos el pasaje en el que San Lucas nos narra la historia de dos discípulos que abandonan Jerusalén, tal vez porque se creían que “todo había terminado” y en el camino a Emaus se encuentra con un extraño, que resulta ser Jesús mismo y que ellos lo reconocen “al partir el pan”.

¿Dónde encontramos al Señor Resucitado? En las Sagradas Escrituras: Jesús nos lleva, como de la mano, dando un paseo por las Escrituras y, “comenzando por Moisés y recorriendo todos los profetas, les interpretó todo lo que las Escrituras decían sobre él”.

¿Dónde encontramos al Señor Resucitado?  En la Eucaristía: “contaron lo sucedido en el camino y como lo habían reconocido al partir el pan”.

¿Dónde encontramos al Señor Resucitado?  En la Comunidad.  Jesús es comunitario.  No acaba de salir del desierto y enseguida forma una comunidad.  Por tres años de vida pública, de caminar por Judea y Galilea, va siempre acompañado de ese grupito de discípulos que le siguen día y noche, pues él los ha llamado primero al discipulado, después a la amistad y por último a la fraternidad consigo mismo.

El Papa Juan Pablo II dijo que Dios es familia.  Nosotros, imagen de Dios, heridos por el pecado pero sanados por el Señor, estamos llamados a constituir familia, la familia de los hijos de Dios, siempre con Jesús, nuestro Hermano Mayor, a la cabeza.

Permítanme queridos lectores de El Pregonero que cambie de tema, pero no puedo dejar de desear un feliz día a las madres, que este domingo se celebra, porque la madre es sagrada para cada ser humano: ¡Feliz Día!


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