Posted by: bishopgonzalez | June 24, 2010

Días de asueto podrían servir para una revisión de vida

Días de asueto podrían servir para una revisión de vida

Mons. Francisco González, SF
Obispo Auxiliar de Washington

1 Re 19,16.19-21
Sal 15
Gal 4,31-5,1.13-18
Lc 9,51-62
Acabamos de comenzar el verano. Mucha gente estará soñando y preparando sus vacaciones, posiblemente, muy bien merecidas. Algunos para aprovechar este corto tiempo, intentarán visitar la mitad del mundo, y cuando regresen vendrán con centenares de fotos y un cansancio tan grande, que no les iría mal unos días de verdaderas vacaciones, unos días dedicados al ocio, como Dios manda. Algunos, entre la mucha ropa que se van a llevar y que no usarán, ponen unos cuantos libros “que hace una eternidad querían leer”.

Espero que no sea pedir mucho, o insinuar demasiado, pero estos días de asueto, también podrían servir para una revisión de vida. Vivimos, como dicen algunos, a mil por hora. La modernidad valora mucho más la acción que la reflexión, se exalta el hacer sobre el ser, no queda tiempo ni para apreciar la belleza que nos rodea, disfrutar con las personas que nos aman. Pues bien, este primer domingo de verano, el evangelio de Lucas nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre algo que nos gloriamos de ser: discípulos del Señor.

Con el pasaje evangélico que la liturgia de este domingo XIII del Tiempo Ordinario nos ofrece, vemos a un Jesús muy decidido, decidido a subir a Jerusalén. Ya que este viaje que Lucas nos presenta, no es simplemente geográfico, sino que tiene una enseñanza teológica profunda, algunos intérpretes hablan más de bajada que de subida, ya que Jesús al morir “bajó a los infiernos”, como reza el credo de los apóstoles. Sea como sea Jesús va a Jerusalén, donde matan a los profetas. Jesús se nos muestra como el “siervo sufriente”.

Envía delante de él unos mensajeros para preparar el alojamiento, pero también para preparar el corazón de los hombres y abrirse a esta nueva vida que el Maestro viene anunciando. Cuando los habitantes de la aldea no los reciben, la solución de entonces y de ahora: mandar fuego que los consuma. Hoy en día hay gobiernos de la Unión Europea que prohíben a las mujeres musulmanas el uso del “burka”. Hay países musulmanes que no te permiten vestir como clérigo católico. Hay lugares que no permiten la construcción de mezquitas, y menos con su minarete; otros no dejan construir iglesias cristianas con sus campanarios. Y así entre una cosa y otra, se llega a derramar sangre.

Jesús reprende severamente a Santiago y Juan por ese deseo de solución violenta. No todo el mundo tiene que pensar igual, sin embargo, el respeto es esencial para la convivencia.

En el camino hay tres personas distintas con vocación de seguimiento, sin embargo ponen condiciones. Jesús deja muy claro que todo el que le sigue tendrá que abandonar algo. Nadie puede seguir a Jesús y seguir siendo y actuando como antes. La radicalidad es parte de la respuesta y no todos son llamados para lo mismo. Hay diferentes vocaciones, hay diferentes llamados.

A uno de los aspirantes el Señor le recuerda el desprendimiento completo y que la seguridad está no en las posesiones materiales, sino en el mismo Cristo. Al segundo le recuerda que el amor al Maestro está por encima de todo, incluso de la propia familia, la cual no quiere decir que Jesús predique el desprecio a la familia, todo lo contrario, pues al encarnarse en la humanidad lo hizo dentro de una familia. Más bien lo que nos pide o enseña es relativizar dichas relaciones y lo que es primordial es el Reino.

¿En qué dirección va mi vida? ¿Estoy comprometido con la paz a nivel de familia, barrio, ciudad, país, mundial? ¿Trabajo por el entendimiento entre los pueblos, los inmigrantes y las culturas dominantes? ¿Pongo mi granito de arena para la mejora en las relaciones ecuménicas y dar por terminadas todas esas guerras, actos terroristas que se cometen en el nombre de un dios u otro?

San Pablo (2ª lectura) nos recuerda el principal mandamiento. “Toda la ley se cumple, dice, si se cumple este precepto: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Lo contrario: ojo por ojo y diente por diente, nos puede llevar a la ceguera global y a una mala digestión por no poder masticar bien.

No todo el mundo tiene que pensar igual, sin embargo, el respeto es esencial para la convivencia.


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