Posted by: bishopgonzalez | June 11, 2010

El compromiso de compartir

El compromiso de compartir

Mons. Francisco González, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Gn. 14, 18-20
Sal 109,1.2.3.4.
1 Cor. 11, 23-26
Lc. 9, 11-17

Hoy celebramos la fiesta de Corpus Christi.  Esta celebración tuvo sus orígenes allá por el siglo XII y se extendió a toda la iglesia por el año 1264.  Una de las tradiciones más importantes asociadas a esta fiesta es la procesión con el Santísimo por las calles de pueblos y ciudades.  En muchos lugares se cubre el trayecto que va a seguir la procesión con infinidad de arreglos florales, banderas y otros adornos. También se erigen altares desde los cuales se imparte la bendición con el Santísimo, se recitan algunas preces y se cantan himnos eucarísticos.

Las lecturas que hoy nos ofrece la liturgia, si queremos seguir el tema de esta festividad, deberíamos decir que está centrado en la segunda lectura y que la primera y el evangelio son preparación e indicación que nos llevan a la narración que Pablo nos ofrece de la institución de la Santa Eucaristía.

Pablo se enfrenta a la comunidad cristiana de Corinto a causa de varios abusos en las asambleas litúrgicas, y de ninguna forma puede tolerar, y así se lo dice, el abuso que cometen al celebrar la Eucaristía.  Estaban divididos y además, en la cena antes de la Eucaristía, los que tenían, no compartían con los que no tenían.  Se parecían un poco a aquella primera reacción de los apóstoles de querer despedir a los necesitados para no tener que hacer nada por ellos y que el mismo Señor les corrige mandándoles que “les den ellos de comer”.  Ellos todavía no habían aceptado ni las palabras ni el ejemplo de Jesús de dar y darse a los demás.

Para corregir los abusos de aquella comunidad, donde los que tenían ni sabían compartir con los necesitados, Pablo les recuerda la institución de la Eucaristía donde el Señor convierte el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre para alimento de todos, les recuerda el hecho de que Jesús no solamente compartió lo que tenía, sino mucho más, se dio a sí mismo por nuestro bien, para nuestra salvación.

Hoy, al celebrar la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo se nos llama a una fe, a una creencia firme en la presencia real de Jesús en la Eucaristía.  Según estudios recientes hay muchos católicos que no profesan esta fe.  Nosotros debemos proclamarla tanto con la palabra como con ese respeto que se merece cuando estamos en su presencia en nuestras iglesias.  Debemos proclamar esa fe con la digna recepción de la Sagrada Comunión y la práctica de las diversas devociones eucarísticas.

La Eucaristía no solamente nos exige esa fe profunda y sin condiciones, también nos pide el compromiso de compartir: “Denles ustedes de comer”.  Mientras un 20 por ciento de la población mundial disfruta del 80 por ciento de la producción y el 80 por ciento de la población se tenga que contentar con el 20 por ciento de la producción, la queja y crítica de Pablo a los corintios sigue siendo actual.

El banquete entre cristianos exige hospitalidad, compartir lo que uno es y tiene, amistad, perdón y reconciliación.  Se nos conocerá como cristianos al “compartir el pan”, al partirnos por los demás.

El banquete entre cristianos exige hospitalidad, compartir lo que uno es y tiene, amistad, perdón y reconciliación.


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