Posted by: bishopgonzalez | May 20, 2010

La humanidad tiene una cabeza demasiado grande para su alma

La humanidad tiene una cabeza demasiado grande para su alma

Mons. Francisco González, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Hch. 2, 1-11
Sal 103,1ab y 24ac.29bc-30.31 y 34
1 Cor. 12, 3-7.12-13
Jn. 20, 19-23

Celebramos hoy la Fiesta de Pentecostés, el cumpleaños de la Iglesia.  Las lecturas de hoy nos presentan dos relatos de como los apóstoles recibieron el Espíritu Santo: uno lo encontramos en la primera lectura (Hch) y el segundo en el evangelio, si tomamos la opción de leer Jn. 20, 19-23.

El aliento de Dios (Ruah), lo vemos en comienzos de eventos importantes: por el aliento de Dios el muñeco de barro adquiere vida; por el mismo aliento los huesos del sueño del piadoso rey Ezequías se cubren de carne; la ráfaga de viento trae el Espíritu a los apóstoles reunidos el día de Pentecostés (1ª lectura) y cuando Jesús “sopló sobre ellos, recibieron el Espíritu Santo” (evangelio).

Dios es el origen de la vida.  Dios da sentido a la vida.  La ciencia y la tecnología de hoy parecen buscar cómo prolongar la vida, cómo hacerla más cómoda, incluso cómo hacerla más llevadera y menos penosa.  Sin embargo, me da la impresión, que no hay tanto empeño, que no se está empleando tanta energía en buscar cómo dar sentido a la vida.  En los laboratorios se están gastando millones y millones, cantidades astronómicas de dinero para descubrir el origen de la vida, la química de la vida, pero no estamos profundizando en el “sentido” de la vida.  Parece, como que alguien ha señalado que la humanidad actual “tiene una cabeza demasiado grande para su alma”.  En su libro Dios a la Vista, el P. Javier Gafo, teólogo y escritor, dice: “Al escuchar muchos de los datos que recibimos estos días, ¿no tenemos la impresión de que es verdad que la humanidad actual es un gigantesco laboratorio al que le falta humanidad?”

Pentecostés, era llamada la “fiesta de las semanas”, o sea de los cincuenta días después de la Pascua (7×7=49).  Los judíos celebraban la fiesta de la cosecha, de la abundancia, de la plenitud.  Jesús vino para “que tuviéramos vida en abundancia”.  El Espíritu nos llena de todo lo que necesitamos para vivir la vida a plenitud.  La venida del Espíritu nos reta a incrementar y profundizar nuestra relación fraterna con los demás, pues por su poder hace que nos entendamos, a pesar de nuestras diferencias lingüísticas y culturales, porque principalmente somos una raza humana.  El Espíritu Santo es la fuerza que vence al pecado y establece la fraternidad.

Jesús “al exhalar su aliento sobre los discípulos” les dio una nueva vida.  Su presencia fue motivo de alegría para todos ellos.  Su saludo (deseo) para todos ellos fue el de la paz y el encargo que les dio, fue el imitarle en su misión: El Padre lo había enviado a Él, Él ahora los envía para que sean sus testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y el resto del mundo.  Una vez más vemos a Jesús invitándonos a la universalidad, por eso toda aquella gente venida de lugares tan dispersos como Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto e incluso Roma entendían en su propio idioma lo que se decía acerca de las maravillas de Dios.

Cuando Dios baja al hombre, el hombre se encuentra a sí mismo.  Cuando el hombre se busca a sí mismo sin contar con Dios, pierde el camino, no se deja guiar por la Verdad y no da con la Vida.

Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra.

Gastamos millones y millones para descubrir el origen de la vida… pero no profundizamos en el ‘sentido’ de la vida.


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Categories

%d bloggers like this: