Posted by: bishopgonzalez | April 27, 2010

Conocer a los que están a nuestro cuidado

Conocer a los que están a nuestro cuidado

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

Hch 13,14.43-52
Sal 99
Ap 7,9.14-17
Jn 10,27-30

Este domingo es muy especial, especialmente para los clérigos y todas aquellas personas que de una forma u otra están involucrados en la que conocemos como teología pastoral en sus muy diversas categorías y ramas. Este domingo es conocido como del Buen Pastor, teniendo como figura central el mismo Jesús, el Buen Pastor por antonomasia, el verdadero Buen Pastor y todos los demás son copias, y debemos confesar que hay copias y copias y no todas son reproducción de la obra original.

En los tres círculos litúrgicos se leen diferentes pasajes del décimo capítulo de San Juan, un capítulo que se ha de leer desde la perspectiva del Pastor. En este ciclo “C” la lectura es muy corta, sólo cuatro versículos. El evangelista al hablar de este encuentro entre Jesús y los judíos nos da detalles del lugar y fecha. Jesús estaba en Jerusalén, había venido al Templo y se paseaba por el pórtico de Salomón. Se estaba celebrando la fiesta de la Dedicación y era invierno.

De tener más espacio sería bonito explicar la Fiesta de la Dedicación, sus ritos y el motivo de la misma. Esto habrá que dejarlo para otra ocasión, aunque me atrevo a sugerir que el lector haga su propia investigación sobre esta materia.

Jesús está teniendo confrontaciones muy serias con algunos judíos que le acusan de estar endemoniado o loco. Incluso de blasfemia, por lo que le rodean en tono amenazador y al final de la conversación que hoy nos presenta la liturgia, “tomaron piedras para apedrearle”.

La figura del pastor, del cuidador como los reyes y líderes del pueblo era conocida y respetada. En el Nuevo Testamento se menciona al pastor 40 veces, y 16 de ellas se refieren a Jesús.

Jesús no tiene problema con sus ovejas porque ellas “escuchan su voz y le siguen”. ¿Qué hace él por sus ovejas? Ante todo, primero, afirma que él las conoce, las protege, les da vida eterna y “ninguna se perderá”.

¿Por qué? Porque ese es el encargo que ha recibido del Padre. Además afirma que el Padre y él son uno. Esto es algo que un gran número de sus oyentes no pueden tolerar y quieren apedrearle. Jesús insistirá en que si no quieren escuchar sus palabras, ni aceptar sus argumentos que por lo menos crean en sus obras y lo que ellas indican.

Nada de eso le valió y siguieron empecinados en sus ideas y por lo tanto fuera del rebaño, no quisieron ser de las ovejas de las que Jesús se declaraba Pastor.

¿Han cambiado las cosas? Algunas sí, por supuesto, aunque encontramos que en estos momentos estamos perdiendo el sentido de “ser civilizados”. Recurrimos a la violencia para resolver conflictos, ya sea en nuestras familias, en comunidades de un tipo u otro, a menor o mayor escala. Líderes políticos que pasan tanto tiempo en los medios de comunicación, se insultan, tratan de destruir al otro/a con acusaciones, engaños y verdades fuera de contexto o medias verdades.

En imitación del Señor, los pastores están, estamos llamados a conocer a los que están a nuestro cuidado, dispuestos al servicio dando oportunidades de vida, de protección, de crecimiento aunque esto nos cueste la vida, y no solamente esa vida que se pierde en un instante por una muerte martirial, pero principalmente en ese constante desgastarse al servicio y para el bien de los demás.

Oremos por nuestra Iglesia, para que sepa seguir siempre fiel al Buen Pastor, y sepa resistir innovaciones que al vivir en el primer mundo puedan parecer muy atractivas, pero que pertenecen más al mundo de los negocios, del mercado, de las grandes corporaciones, de las reuniones del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, y sigamos trabajando, con todas nuestras fuerzas, nuestras energías, nuestra visión, como apunta Antonio García, bajo los criterios de justicia, el bien común y las necesidades de los pobres, buscando siempre y primero a las personas que sufren en su cuerpo o espíritu, las que andan descarriadas, sin cariño, sin esperanza y sin futuro, para que encuentren compañeros de camino que los acojan con la ternura del Buen Pastor.


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