Posted by: bishopgonzalez | April 2, 2010

‘…de hombre a hombre va cero’

…de hombre a hombre va cero’

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Hch 10,34.37-43
Sal 117,1-2.16ab-17.22-23
Col 3,1-4
Jn 20-1-9

Ya hemos llegado a la Pascua, ya podemos cantar de nuevo el aleluya y el gloria usar el color blanco, tocar las campanas y oír la música. La pregunta es ¿hicimos una hoja de ruta el Miércoles de Ceniza? Sí la hicimos, ¿la hemos seguido?

La Cuaresma es propiamente un tiempo de preparación para la celebración del Misterio Pascual: pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor. Si no lo hemos hecho pues nuestra Pascua no será lo que debería ser, lo que podría ser. Nos vamos a quedar cortos, no hemos alcanzado las alturas que podríamos haber vivido.

La primera lectura de este domingo por excelencia, comienza con una frase de Pedro que debería ser inscrita en las mentes y corazones de todos en la sociedad y en la Iglesia: “Verdaderamente ahora comprendo que Dios no hace distinción de persona”. Qué bonito sería eso de ser verdaderamente hermanos y hermanas unos de otros. Tal vez con no tanta autoridad como en las Sagradas Escrituras, pero en el librito de la Imitación de Cristo leemos: de hombre a hombre va cero. Pedro habla a una familia pagana, la familia de Cornelio, familia temerosa de Dios. Dios ha bajado a esta casa, cosa impensable para algunos, Pedro ha comido algo impuro, hecho impensable y criticado por algunos. Entonces y hoy no acabamos de entender que la Resurrección de Cristo requiere una nueva relación con él, es una vida nueva como lo vemos en María Magdalena que al no encontrar el Cuerpo del Señor se desespera y llora porque se lo han llevado y ella no sabe dónde.

Cuando el mismo Jesús se le aparece, ella ni lo reconoce, es una nueva vida, lo anterior desaparece, el Resucitado requiere nuevas actitudes, nuevos parámetros, nueva forma de pensar, en pocas palabras: una nueva vida, lo anterior no es ni suficiente, ni necesario.

En la segunda lectura tomada de la carta de San Pablo a los Colosenses, una de las cartas conocidas como “de la cautividad” nos habla o reflexiona pensando que ya la resurrección de Cristo tuvo lugar y nuestros pensamientos y deseos también deben cambiar, ahora ya somos hijos de Dios, elegidos, deseados, herederos y esta transformación debe ser vivida a plenitud.

Este primer domingo de Pascua leemos siempre el pasaje de San Juan anunciado al comienzo de esta reflexión: Juan 20,1-9. Se nos habla del domingo por la mañana, muy temprano, antes de salir el sol. Este se convierte en el primer día de la semana, es el Día del Señor, da comienzo la nueva creación, y es una mujer de nombre María Magdalena quien, muy posiblemente acompañada de otras mujeres, se dirigían a la tumba para cumplir con los requisitos del embalsame del Cuerpo del Señor. Estando cerca se dan cuenta que la gran piedra ha sido removida, y después de mirar vuelve corriendo a la ciudad para advertir a los dirigentes del grupo algo muy doloroso: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto”.

Pedro y el discípulo amado” salen corriendo y lo encuentran tal como María les informó, Jesús ya no está allí, las vendas no han podido sujetarlo, ni el lienzo que le cubría la cara ensangrentada tampoco sirve ya, por eso está doblado allí a un lado. El “discípulo amado”, todo verdadero discípulo “vio y creyó”.

Hoy veremos nuestras iglesias decoradas de varias formas y con mucho gusto, los coros cantando con más fervor y profesionalidad, los mejores ornamentos para las celebraciones litúrgicas y mucho incienso y razón hay para ello: Hoy es Domingo de Pascua.

Sin embargo una nube cubre mi mente. ¿Podemos celebrar con tanto gozo y alegría la Pascua de Resurrección, cuando tantos de nuestros hermanos siguen estando crucificados: doce millones de indocumentados viviendo en constante miedo, miles de mujeres víctimas del machismo y violencia doméstica, niños saltando en el vientre de sus madres pero que nunca verán la luz del día, adolescentes que continúan cargando sus ametralladores y yendo a matar o morir, seres inocentes sufriendo toda clase de abusos por parte de seres conocidos, amados y que admiraban, bocas de niños y grandes a las que no llega comida y otras cruces grades y pequeñas?

¡Felices Pascuas de Resurrección!


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