Posted by: bishopgonzalez | February 13, 2010

¿Dónde busca la felicidad el hombre de la posmodernidad?

¿Dónde busca la felicidad el hombre de la posmodernidad?

MONS. FRANCISCO GONZÁLEZ, SF

Obispo Auxiliar de Washington

Jr. 17, 5-8

1 Cor. 15, 12.20-26

Lc. 6, 17.20-26

¿Dónde buscas tú, apreciado lector, la felicidad?  ¿En la televisión con sus cientos o miles de canales, en el mall con todas sus tiendas y fantasías, en las vacaciones en lugares exóticos, en la música embriagadora, en los productos alucinantes, en los nuevos aparatos electrónicos, en el puesto de poder, en los tratamientos embellecedores y cirugía plástica, en la cuenta corriente desbordante del banco, en la religiosidad de inciensos aromáticos, de velones de gran ornato, de música celestial y ritos encantadores, pero sin compromiso radical?  Tal vez andas en busca de la felicidad por los caminos de ayuda al pobre, en organizaciones en pro de la justicia y la paz, en la lucha por una sociedad que defiende la vida, en plena solidaridad con el emigrante, el enfermo, el olvidado.  ¿Cuál es la estrella que te guía, Dios el Señor o el hombre/la carne?  “Maldito el que confía en el hombre…Bendito el que confía en el Señor.”

En el evangelio de hoy nos encontramos con las “bienaventuranzas” según San Lucas, un tanto distintas de las que leemos en San Mateo en el conocido “Sermón de la Montaña”.  De momento a Cristo se le presenta no en una montaña, sino abajo, en la llanura.

Jesús ha pasado la noche en oración, lo cual ya nos indica que algo importante va a suceder, y así es, pues elige a doce “apóstoles” de entre los numerosos discípulos y con todos ellos baja a la llanura y allí predica su sermón a todos los que estaban allí: apóstoles, discípulos, y la gran multitud compuesta de gente que procedía de Judea, Jerusalén, Tiro y Sidón.

Estas “bienaventuranzas” tienen un estilo más personal que las de Mateo, quien parece hablar para establecer ciertos principios.  Aquí no, aquí Jesús habla de “felices ustedes”, y en los cuatro ayes o maldiciones que siguen, también son muy personales: “Pobres de ustedes, los ricos…”

Aquí tendríamos que hacer una pausa y tratar de discernir lo que Jesús quiere decirnos con “felices los pobres…y pobres los ricos”.

¿Es la pobreza una bendición y la riqueza un castigo?  Que contesten los que se mueren de hambre, los que les echan a la calle por no poder pagar la renta o la hipoteca en éstos días, los que no son atendidos en hospitales porque no tienen con qué cubrir los gastos de la operación o visita médica, o los que son juzgados, condenados y sentenciados por no poder escoger una defensa buena para su persona y caso o, por el contrario, esos que nunca se preocupan por el precio pues saben que les sobra el dinero.

El P. Javier Gafo al hablar de los “dichosos” y los “malditos” de esta parábola los relaciona entre sí y pregunta: ¿No habría que decir que son malditos los ricos que son responsables de la pobreza de los otros; que son malditos los saciados que son responsables por el hambre de los pobres; que son igualmente malditos los que ahora ríen, pero son responsables de las lágrimas ajenas?

¿Quién es pobre, quién es rico, quién es bienaventurado, quién es mal aventurado?


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