Posted by: bishopgonzalez | November 19, 2009

No podemos callarnos ante la injusticia, ocurra donde ocurra

No podemos callarnos ante la injusticia, ocurra donde ocurra

MONS. FRANCISCO GONZALEZ, SF
Obispo Auxiliar de Washington

Dn. 7, 13-14
Sal 92,1-2.5
Ap. 1, 5-8
Jn. 18, 33-37
Celebramos este domingo la fiesta de “Jesucristo, Rey del universo”.  Con esta celebración damos por terminado el año litúrgico.  El próximo domingo daremos comienzo al Adviento como preparación para la Fiesta de Navidad.

Jesús, Rey del universo.  Si aceptamos que Cristo es Rey, será porque tiene un reino, a no ser, que esté en el exilio y su Reino ya no lo acepta como jefe.  Hermano/a creo que debemos hacernos unas preguntas, aunque sólo sea por curiosidad: ¿Es Jesús un Rey en el exilio? y si está exilado, ¿por qué lo echaron?

En la primera lectura leemos sobre la visión que el profeta Daniel ha tenido: “…a éste, como un hijo de hombre, se acerca al Anciano, y recibe poder, honor y reino.  Su poder nunca pasará y su reino jamás será destruido”.

Jesús en el evangelio, al final del diálogo que tiene con Pilato dice: “Tú lo has dicho: Yo soy rey”, pero Rey muy diferente de lo que Pilato creía.  En vista a lo que podemos ofrecer en este corto espacio, me gustaría recordarte hermano/a ese rey, cuyo trono es una cruz, sus púrpuras son la sangre que lo cubre y los morados que tiene en todo su cuerpo.  Su diadema real, que como rey tiene derecho a llevar, es en su caso muy distinta de la que otros reyes se colocan.

Verdaderamente ese “reino que jamás será destruido” y “ese poder que nunca pasará” cuando miramos a nuestra sociedad, con una superabundancia de cristianos, da la impresión que el “poder del Rey del Universo no es tan aparente como se pensaba y el reino no está tan fuerte como se decía”.

¿Por qué me atrevo a decir semejante cosa?  Porque mientras los seguidores de Cristo sigamos oprimiendo a otros, mientras sigamos defendiendo sistemas que no trabajan por la paz y la dignidad del ser humano, mientras los discípulos del Maestro no se comprometan con la fraternidad entre los pueblos, mientras permitamos la existencia de “judas modernos” que siguen vendiendo al hermano, parece como si quisiéramos mantener a nuestro Rey en el exilio.

Sin embargo, no hay por qué tener miedo.  El Reino está muy bien asegurado, pero nosotros deberíamos hacerlo más visible aceptando ser verdaderos ciudadanos del mismo, evitando todo lo que sea pecado, para que todo ese torrente de gracia que nos consiguió Jesús en la cruz, haga de nosotros “un Reino y Sacerdotes de Dios su Padre” y así todos al unísono, proclamemos: “A él la Gloria y el Poder por los siglos de los siglos”. (Segunda lectura).

La Iglesia, nosotros, no puede callar ante la injusticia, ocurra donde ocurra.  Alguien tiene que hablar del Reino de Dios, y no debemos tener miedo ante la oposición y la burla.  Cristo se enfrentó a Pilato, el hombre del poder.  Nuestro miedo y vergüenza será cuando nuestro discurso y nuestra vida no vayan de acuerdo.

El Reino de Dios tiene una ley: la del amor.  El Reino de Dios tiene un signo: la Cruz.  El Reino de Dios tiene un estilo de vida: servir a los demás.  El Reino de Dios tiene un programa: las bienaventuranzas. El Reino de Dios tiene un sistema de trabajo: en comunidad.  El Reino de Dios tiene un Rey: Jesús, nuestro hermano y Señor.  El Reino de Dios tiene una fiesta: la Eucaristía.


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